No se trata de un tema local, sino regional, porque ocurre en Perú, en Chile, Colombia, Bolivia, Nicaragua, Argentina y Brasil, por citar solamente a algunos países sometidos a esa terrible y nefasta cultura de lo supuestamente correcto.
Ya no vienen con banderas revolucionarias de color rojo y letras negras con dibujos de armas y machetes, ya no predican “la guerra popular del campo a la ciudad” porque esconden el discurso del odio y la violencia en movilizaciones musicales y en el adoctrinamiento en las escuelas y universidades, ya no son puños en alto ni el amarrarse con cadenas en la puerta de alguna dependencia estatal, ahora han inventado el neo lenguaje inclusivo y transversal, el aborto libre y la abierta pedofilia, el odio a lo masculino tildándolo de machismo, el odio a lo femenino señalándolo de agresivo. Son “todas, todes y todos”.
Esos de esa izquierda atolondrada, esos que siempre condenaron a ciudadanos que hacen empresa desde el más pequeño emprendimiento, esas que señalaron a Sacerdotes y pastores de toda Iglesia como manipulares de la Fe del pueblo, hoy revierten en odio y violencia contra todo, diciéndose ambientalistas por ejemplo, pero absorben el dinero de la minería ilegal, del narcotráfico y las ONG más repulsivas que gritan una hipócrita defensa de los derechos humanos, y sino que lo digan las victimas de OXFAM por ejemplo.
En las calles, “esos y esas” agreden a Policías, carabineros y soldados, en las redes insultan y denigran a cualquiera que defienda las libertades y la democracia, porque “ellos y ellas” quieren su democracia y la nueva dictadura de lo intolerante. Pero si les tocan el discurso con un argumento que los descalifica, se lanzan al vacío, se revuelcan en la tierra, se lanzan contra un muro y a partir de sus heridas auto infringidas… derechos humanos piden.
La hipocresía roja y caviar ha desbordado al punto que pierden elecciones y se dicen dueños de la agenda del nuevo gobierno, como si la potestad fuera su decisión, nacida no del voto, sino de sus gritos y arrebatos. Entonces, diseñan otra estrategia, hacer del fraude el triunfo electoral, y vaya que si lo lograron, porque invadieron organismos electorales, misiones no de observadores independientes sino de activistas y militantes “electorales” y validaron actas fraguadas en cada elección. Son el fraude hecho ONG.
En las calles revientan bombas, incendian vehículos policiales, rompen vidrios de establecimientos privados y públicos, se hacen los heridos o se hieren a sí mismo para victimizarse; son los transversales, los que inventan invisibilidades que todos vemos, los que reclaman matar a un niño por nacer, a un viejo por amar, a un enfermo por sanar.
¿Hoy son gobierno y lo quieren hacer eterno por la fuerza del poder obtenido en fraude? no señor, no señora.
El bombardeo a la Democracia los ilusiona, entonces, paremos de una vez por todas a esos resentidos de la libertad.
Ilustración referencial, Fragmento de la portada de ‘El pueblo contra los cómics’