No se asusten por el título, lo que pasa es que los medios de comunicación son tan atrevidos hoy en día, que parece que el voto de confianza lo estuviéramos pidiendo los ciudadanos y eso, no es así.
Se lee en diversos medios y en las redes sociales un debate interesante sobre cómo se debe dar el voto de confianza a un gabinete ministerial y a la vez, cómo tendría que limitarse o definirse eso que aterra a varios que pretenden ser presidentes: la permanente incapacidad moral para que dejen el cargo.
Algunos en las redes se van por los extremos y los argumentos son insostenibles, pero no dejan de ser entendibles, porque en el caso del voto de confianza por ejemplo, hay algo así como “manos libres” para hacer cualquier despropósito y eso, no es valedero ni verdadero. Pero que los ministros consideran que es así, lamentablemente lo creen cierto y eso también nos revela el altísimo grado de incapacidades en escena.
¿Le preocupa a usted, para su economía, el voto de confianza? ¿Conseguriá mejorar su día a día con el voto de confianza? Y desde la otra orilla, ¿La permanente incapacidad moral no era evidente antes de salir elegido el inmoral, el pervertido, el sinvergüenza constante o el promotor de la corrupción? Entonces volvamos a la esencia: El rol ciudadano, y con esto no me refiero a estar todo el día o de noche escribiendo en las redes sociales las teorías políticas personales y buscando ganar corazoncitos o likes, eso no es ciudadanía, es torpeza y pérdida de tiempo.
Ciudadanía de todos, desde cada uno, eso es lo necesario, allí comienza y se vive la responsabilidad. No es el voto lo que a todos y en todo nos debe importar, es ir más allá del acto de sufragio, es construir el antes y defender el después (estamos hablando de democracia, no de elegidos).
Lo que pasa es que creemos que las elecciones están por encima de la democracia y nos vemos en una suerte de mundial de fútbol violento, fanatizados en el odio o sucumbiendo a las cóleras del momento, mientras nosotros mismos nos metemos autogoles, nos lesionamos por descuidos y nos expulsamos sin tarjeta roja.
Somos árbitros y no hay jugadores, sino delicuentes acechando nuestras vidas y esos delincuentes nos van a pedir luego un voto de confianza pero gritarán asustados si exigimos para su jefe –no el nuestro- la vacancia por permanente incapacidad moral.
Esa es la realidad y no la miramos bien, no la seccionamos en las partes que la conforman. En cambio los políticos, los divisores, los “máquinas de peleas” aprovechan las sombras del momento y nos desvían en atención hacia la oscuridad de la manipulación.
¿Qué nos queda como ciudadanos? Abrir las cortinas y las ventanas de la Libertad, para que ingrese más aire de justicia y más ardor de participación popular. Debemos darnos a nostros mismos un voto de confianza y participar, expulsando a los que están en la orilla inmensa de la permanente incapacidad moral.
Ilustración referencial de Lars Tunebo para interpretarse