La política peruana va de tumbo en tumbo y de novela satírica a epopeya del descalabro, reinventándose en sus propios escándalos, como si el gusto por lo absurdo fuera parte de su ADN. La política peruana se destroza por autoreflejos.
Es así que de un tiempo a esta parte, algunos medios han sacado a relucir la existencia de un probable gabinete en la sombra, algo así como una cofradía de jefes y sicarios que ordenan el ambiente ministerial a su gusto e intereses. Pero lo extraño en esa denuncia –así se presentó a la opinión pública- es que nadie conoce hasta ahora a sus integrantes y más bien, siguen oscureciendo el panorama la infinidad de sombras que se ciernen sobre cada portafolio.
¿Es que en el Perú la discusión política ha desaparecido y ahora es un espectáculo con drama, humor y engaños, una telenovela de llantos, traiciones y decepciones?
No hay nivel, no existe cultura, está ausente la oportunidad de educar e ilustrar, a todo nivel, sin excepciones. Por eso, no existe respeto “hacia y desde”, sino una competencia permanente de insultos y odios, donde las redes son el cuadrilátero del noqueo al rival.
Ese es el legado de la hora presente: un país de peleas insensatas, donde hundir al semejante es la idea central, donde desterrar a la oposición es la obsesión fatal, donde tumbar al que gobierna se convierte en una necesidad pública como reacción inmediata a ese curso de la historia.
¿Cómo tenemos que actuar si un gobierno no va en el rumbo que la Constitución impone y más bien pretende desconocerla y cambiarla por una suma de reglas autoritarias propias de una dictadura comunista? Complicado tener una sola respuesta, complicado tener “un solo frente que se enfrente” a ese panorama.
Una sombra se cierne sobre el gabinete, la sombra de las dudas, de los temores, de la corrupción y la impunidad, del robo descarado, del abuso frecuente, de la preferencia ilegal por ceder el dinero público a postores bajo la mesa.
Y finalmente, no existe un acuerdo por la limpieza y la verdad que debe exhibir el gobierno. Y eso lo vemos a diario cuando tal vez un solo gremio, cuando tal vez una sola central sindical, cuando tal vez un solo partido o movimiento político protesta en nombre del país, mientras los demás miran de costado o se comprometen al silencio.
¿Sabes como se disipan las sombras? Con los vientos de la Libertad, con el aire de la Democracia, con un huracán de ciudadanos imponiendo sus derechos y cumpliendo sus deberes: se llama participación, exige convicción y reclama unidad.
Imagen referencial sombras chionescas, Youtube, captura de pantalla