Resulta indignante que cuando alguien es nombrado ministro de Estado, Superintendente o Presidente de alguna entidad pública, se “ordene” el uso y aprovechamiento indebido del presupuesto, en especial el de la conocida “caja chica”, un montón de dinero que se multiplica en sus fines poco claros, bastante discutibles, por ejemplo, para el pago de desayunos, almuerzos y cenas de los funcionarios de esas dependencias, como si los peruanos tuviéramos el deber de pagarles gastos que no deberían ser contemplados bajo ninguna excepción.
Si la señora ministra tomó o no desayuno en su casa, es su problema, que se levante más temprano y prepare sus alimentos, como lo hacemos millones de peruanos que le pagamos su salario, movilidad, guardaespaldas, cartera, mochila, zapatos, gorras y ropa de trabajo, viajes, viáticos, celular, laptop y Dios sabe que más. Si el ministro tiene antojos de almorzar con sus parientes, su novia o su novio, con el personal a su cargo o con sus compañeros de estudios universitarios en un lujoso restaurante –a cuenta del ministerio, es decir de nuestros impuestos-, que lo haga con su dinero, en sus horas libres y no en horas de trabajo, porque sino, es un abuso, es algo intolerable y peor, en medio de una recesión y aun sin recesión, en un país con millones de pobres.
Y del mismo modo, el Congreso de la República no debería permitir ni un solo viaje al exterior, porque no se justifican. Nada que “la liga parlamentaria Perú-cochinchina” se reúne en Cancún, Puerto Vallarta o en alguna Isla del Caribe (para un encuentro de cárteles políticos).
¿Qué es eso de que el congresista tal o cual se va a Europa para “aprender sobre experiencias en manejo de inteligencia artificial”, si ni siquiera la inteligencia le es natural? ¿Qué demonios es aquello que una delegación de congresistas se van de viaje “para ver el proceso de desarrollo político en Rusia”, cuando esos congrsistas destruyen la política y cuando esa nación está en plena guerra, lo que se interpreta como una posición a favor de parte en un conflicto? ¿Qué tontería es que un congresita viaje a un evento de chamanería, otro a uno de preparación de alimentos en base a avestruces, otro a ver la crianza de conejos y otro a un seminario sobre cómo contener los deshielos en la Antártida? Es el reino de la estupidez y nosotros, les pagamos los viajes, la pérdida de tiempo, la cochinada y el abuso del cargo.
Y sumemos algo más, porque en eso que se llama semanas de representación, resulta que viajan “en grupo” para el tour de las fotos del Facebook, ¿O no es así? Viaja el congresista, su asistente, el asistente de la asistente y el asesor del asesor, “un especialista” que se desempeña como impulsador de noticias irrelevantes (previo almuerzo con los coleguitas), un guardaespaldas o tal vez dos o si es presidente de una Comisión hasta cuatro, y alquilan camionetas o las piden a una entidad estatal, los mejores hoteles, cuartos individuales, todas las comidas pagadas, horas de descanso y bailongo a cuenta del hambre de los niños desnutridos y con anemia. ¿Es esa un función de representación? ¿Y hasta se les paga la novia o el suplente, sus placeres mundanos y las facturas infladas?
Ciudadanos peruanos: ¿Hemos tocado fondo? No, todavía hay espacio para que nos sigan robando más y por eso, en las siguientes elecciones, tendremos 26 partidos en pugna, por tu dinero y el mío.
Imagen referencial, captura de pantalla, programa Contracorriente, vía Willax TV