La mitología griega es apasionante. De ellos se han escrito y se siguen escribiendo concienzudas investigaciones a todo nivel. Tenía pendiente hace un buen tiempo la lectura del ensayo de Josef Pieper Sobre los mitos platónicos (Herder, 1998). La claridad argumentativa, la buena pluma del autor hacen del pequeño ensayo una reflexión sugerente.
Acota Pieper el concepto de mito a “los relatos acerca del origen del cosmos, de la historia primitiva de la felicidad y de la desgracia, del destino de los muertos, del juicio y de la recompensa en el más allá (p. 18)”. En este marco, las historias míticas en la obra de Platón son las siguientes: “la historia referida en el Timeo sobre la creación del mundo; el relato del Banquete sobre la forma originaria y la caída del hombre, latente en el discurso de Aristófanes; y sobre todo, los mitos escatológicos sobre el más allá, el juicio y el destino de los muertos, que aparecen al final del Gorgias, de la República y del Fedón (p. 28)”.
Platón atribuye a estos relatos míticos un sentido estricto de verdad, indicando que la instancia que les confiere credibilidad es “los antiguos”. ¿Quiénes son? No son los ancianos, ni los adelantados, ni siquiera los famosos “espíritus nobles” de Hegel, que irrumpieron en el misterio del mundo “con la audacia de su razón”. ¿Quiénes son, entonces? “Los antiguos son más bien, en opinión de Platón, los primeros receptores y transmisores de una noticia que procede de una fuente divina (cfr. p. 72) ”Por tanto, participamos del conocimiento de esa “fuente divina únicamente “del oído”, ex akoes, en virtud de lo escuchado, no por propia experiencia ni reflexión, no por la propia verificación de los hechos, sino única y exclusivamente a la manera de la fe (p. 75)”.
En el Banquete, sostiene Pieper que el comediante Aristófanes manifiesta que el hombre es originalmente esférico y completo, siendo la forma esférica la más perfecta de todas las formas. En castigo por sus aires de grandeza, el hombre fue despojado de esa condición de perfección, imperfección que se hereda. En el Timeo, por su parte, se narra que el mundo es imagen de algo bueno. “El contenido esencial de este nacimiento del cosmos puede condensarse en pocas frases. La primera es que existe “un hacedor y padre de todo esto”, al que en ocasiones se le llama “fundador” y a veces se le denomina asimismo “padre engendrador” (p. 50)”.
Todo esto le resulta familiar a un cristiano, es la “revelación primitiva”, expresada en los siguientes principios: “al comienzo de la historia humana está el hecho de una comunicación divina propiamente dicha dirigida al hombre. Lo que en ella se transmitía ha entrado en la tradición sagrada de todos los pueblos, es decir, en sus mitos y en ellos se ha conservado y está presente -de una manera segura, aunque desfigurado, exagerado y con mucha frecuencia convirtiéndose en algo casi irreconocible (p. 74)”. No en vano, los primeros siglos del pensamiento cristiano Platón tiene una vigencia muy marcada, en parte, por los puentes que unen la reflexión teológica con la filosofía griega.
Platón abre el camino para expresar ciertos conceptos universales bajo la forma de una historia, que es preciso contar. “La razón de esto – acota Pieper- se encuentra en que -para usar el lenguaje de Lessing- no se trata expresamente de “verdades de razón necesarias”, que pueden derivarse de unos principios abstractos, sino de unos sucesos y actuaciones que proceden de la libertad, tanto de la libertad de Dios como de la libertad del hombre (p. 75)”.
Nota de Redacción: recomendamos revisar las publicaciones de Francisco Bobadilla en su blog www.teruliaabierta.wordpress.com

