Cae la noche y se levantan los miedos con mayor intensidad en las ciudades que no tienen super héroes para defenderla, donde las espadas y capas de valientes caballeros no tienen a reemplazantes con rayos mágicos o escudos de acero en la lucha contra la criminalidad. Somos, como dice Ricardo Escudero “un país que se sienta en espera permanente -sin ticket a la mano-, que no se levanta y no responde, teniendo todas las herramientas para demostrar el poder su gente, de los ciudadanos. Somos un país que se emociona y no sostiene la emoción para hacerla sentimiento y por eso, se apagan las ilusiones y esperanzas con cada gobernante que es al final, lo mismo de siempre, la nada de siempre y eso no nos decepciona ni rebela, sino que nos somete a ser silencio en cada día, molestia pasajera, aceptación por costumbre. Un poco más y hasta celebramos las derrotas” (El camino desconocido, de nuestros conocidos sufrimientos; en Ensayos de la Calle, Lima, 2025).
Incomprensible, pero a la vez comprensible, así es la peruanidad de tantas contramarchas sin contradicciones, a la vez “es y deja de ser”. Hoy entramos de lleno a la matanza electoral, mientras los que no asumen que no son nada, siguen intentando lo que sea por destruir todo concepto de democracia y gobierno. desde el gobierno si no te das cuenta, desde los medios de comunicación -casi sin excepciones-, desde lo que va quedando de las llamadas instituciones y de los poco representativos poderes públicos, porque la inmundicia es el nuevo riostro de la burocracia y de los elegidos para decidir sobre la masa que se calla y se compromete en la aceptación, en la sumisión indebida, en la sujeción irracional.
Los peruanos somos como siempre, espectadores. Por eso, más de la mitad de los ciudadanos no deciden cómo, ni por quien van a votar, o si van a ir a votar. No interesa ahora, dicen, para responder luego “ya veremos”.
El “ya veremos” es la soga de la horca y los que la jalan, son más de treinta candidatos con licencia para robar.
Nuestra tarea es buscar uno de dos, que sean la diferencia, para establecer la deferencia. No hay más de dos para elegir algo rescatable en medio de tanta desgracia política y partidaria.

