Las angustias políticas son como la desesperación del fracasado, se alimentan de las especulaciones, no de las evidencias que están sobre la mesa electoral, con 34 candidaturas presidenciales y listas al Senado y la Cámara de Diputados -es decir-, un pandemonio, una avalancha de interesados en servirse, antes que en servir. Esa es la realidad objetivamente hablando y vemos, leemos y escuchamos con mayor frecuencia, decenas de tonterías que se presentan como propuestas, siendo demagogia, populismo, irrealidad.
Es el Perú, me dicen. No, es la estupidez sumada a la ignorancia, que las leyes han legitimado, como si el absurdo fuera la respuesta final y no lo es, no debe de serlo aunque lo aplaudan y acepten los ignorantes -que son más- y los estúpidos -que son muchos más- pero se divierten con lo que les pasa a otros (como si ellos fueran inmunes; de allí la estupidez innata). ¿Lo ven?
En un artículo escrito hace 20 años titulaba “no existen los outsiders, los insiders preparan nuevas personalidades políticas” y eso, es lo que ha ocurrido a lo largo del tiempo. Los insiders, los políticos de los partidos salieron al mercado ciudadano a buscar voces interesantes, rostros maquillables, suplentes posibles y les dieron forma para ser candidatos “contra el sistema” tradicional y lo lograron, a fin de mantener su poder detrás de las cortinas del teatro del absurdo. Total, la caja registraba ingresos y cualquier problema ya no era partidario, sino del outsider.
Es una manipulación casi perfecta, construida para colocar en vez de uno, a otro, pero sujetado a uno. Pregunto de nuevo ¿Lo ven?
Puede parecer que alguien se lanza con algo nuevo, pero los insiders se acercan de inmediato para no especular sobre el futuro y asegurarse unas monedas mientras tanto, previo al desfalco oficial si gana su candidato. Eso ha ocurrido con Mario Vargas Llosa por ejemplo, rodeado de muchos insiders de Acción Popular, el PPC y grupos en los que sus dirigentes eran como camaleones académicos prestigiados, cambiando de camiseta y de argumentos con absoluta elegancia y elocuencia. Eso pasó antes con Toledo, cuando los nacientes caviares se aglomeraron en su masa de protesta para hacerlo sentir un nuevo Inca en la inocultable escena del dominio popular. Eso ocurre y sigue sucediendo a toda velocidad: no hay outsider alguno, todos son parte del juego con diferente habilidad.
Y desde las izquierdas, el asunto es costumbre y tradición. Por ejemplo con Pedro Castillo, un inútil puesto por el partido comunista Perú libre de Vladimir Cerrón y su cajera Dina Boluarte, que tuvo la suerte de aglutinar el alma extremista de las izquierdas del odio, con un porcentaje que le permitió acceder a la segunda vuelta y de allí, dar el salto hacia adelante, ante la permisividad de los demás partidos, grupos, cárteles y el propio gobierno que les facilitó el camino. ¿No lo sabían? ¿No lo vieron?
PPK no era un político partidario, era el clásico insider mercantilista que operaba a cuatro manos con políticos de todos los partidos que dominaban la escena nacional (presidencia, ministerios, congreso, gobiernos regionales y municipalidades). ¿Vizcarra? un vicepresidente de casualidad, insertado por los insiders, les cambió el dominio y los condenó a negociar con él (y no él con ellos). ¿Ya ven por fin?
El desenlace en esta historia no es quién sería el outsider, sino ¿a quién van a darle el impulso los insiders que aún quedan en medio de los medios, en pantalla de programas, en formas de poder y de presión?
Todo debería seguir un curso natural con Rafael López Aliaga superando el 20% y Keiko Fujimori acercándose a esa cifra pero, mucho cuidado con los movimientos y enroques que en la política peruana pueden suceder, eso es un hecho y no existe especulación, probabilidad o escenario que no se pueda dar, mucho cuidado, porque en ese campo, hasta César Acuña podría estar en una segunda vuelta y quien sabe, asumir como presidente el 28 de julio de este año de los inconscientes.
Y un aviso de servicio público: Si sacan a Jerí, no es porque se acercan las elecciones, hay que ver el bosque y la oscuridad debajo del mismo: el que entre, será presidente hasta que asuma el siguiente por elección popular.
