En el Perú, los guionistas no necesitan pensar o inventarse historias, porque basta ver las tonterías que hacen los políticos para encontrar en el drama nacional, sórdido, sucio y asqueroso -que domina la escena nacional- la fase de escándalos que son parte del diálogo nacional, donde hemos pasado a incluir el “dame que te doy” como el justificativo de “hago lo que me da la gana”. Eso ocurre ya como costumbre, porque una especie de bandoleros que se mantienen sobre el poder, han encontrado en ese poder la forma de saciar sus “por qué no lo hago, si yo tengo el poder ahora”, un resultado de no tener prestigio, de no recibir admiración de otros hacia uno, de ser un pobre diablo o quizás, un guachafito metido en política y que se cree lo contrario a lo que es y siempre fue.
Y veamos que esto es algo tan usual, que los supuestos Roger Moore, Brad Pitt o Antonio Banderas, hoy son un Bad Bunny peruano medio atrofiado, que no sabe hablar, ni sabe vestirse, que carece de formación y educación (así se compre títulos). Eso es lo que sucede hoy en el Perú: inquilinos de Palacio son cualquier clase de personas, de procedencia más que dudosa, de formación menos que incompetente y de una soberbia y vanidad que, vayan a verlo, da mucha vergüenza. Ese es el gobierno que nos lleva al desfiladero de la mano de la mediocridad.
¿Cómo se procede a evaluar a una persona para trabajar en Palacio de Gobierno teniendo esta calidad de jefes? Muy fácil, se consigue algún gancho y nexo con el inquilino y ya está, te van a citar para estar horas de horas, a medianoche o madrugada, luego de salir de paseo con el impetuoso joven de capucha y carterita de banda de Yerbateros, y entonces va la segunda parte, te vas de viaje en modo oficial y al regreso, un par de días y quizás una fiestita alrededor de Lima y ¡zás! ya tienes chamba mamacita.
¿Ese es el país que queremos seguir teniendo?
