Si tomamos como referencia las encuestas más recientes para las elecciones presidenciales del Perú (CPI, Ipsos y Datum, realizadas en febrero de este año), sí se puede decir que la contienda principal -hasta ahora- es entre Rafael López Aliaga (de Renovación Popular, con un 11.9% a 13.9% de intención de voto) y Keiko Fujimori (de Fuerza Popular, con un 7% a 9.2%). Ambos lideran con claridad, pero hay un alto porcentaje de indecisos (entre 29% y 45%), lo que deja el escenario abierto a cambios, que pueden darse entre los dos punteros (baja López Aliaga y sube Keiko Fujimori o aparece uno y tal vez dos insiders en toma de liderazgo nacional). Es cierto además, que no se perfila ningún outsider como posibilidad, a pesar de los intentos manipuladores de algunos medios de comunicación “por vender la imagen” de sus contratistas políticos del momento. El fenómeno outsider no está funcionando cuando existe una dispersión tan elevada en el escenario electoral.
En cuanto al bloque que podemos destacar en este análisis (Carlos Álvarez de País para Todos, con 5.8% a 6.2%; Martín Vizcarra, con 3.2% a 5.8%; César Acuña de Alianza para el Progreso, con 3.8% a 4.4%; y Alfonso López Chau de Ahora Nación, con 3.8% a 5.1%), se encuentran a una distancia considerable de los punteros, rondando el 3% al 6% individualmente (no superan colectivamente un impacto decisivo aún). Sin embargo, con tantos indecisos y la campaña en marcha, es posible un “salto” en alguno de ellos, especialmente en figuras como Acuña, quien tiene experiencia en negociaciones políticas arriesgadas -de último minuto-, que dejan desarmados a sus rivales y sorprendidos a todos los peruanos (para bien de algunos, para mal de muchos). Por ejemplo, su partido (APP) ha formado alianzas con grupos como Podemos Perú y Somos Perú en diversos escenarios, para influir en decisiones clave en el Congreso (como elecciones de mesas directivas, vacancias, censuras o apoyos a figuras interinas).
Ahora, sobre las elecciones de 2026, hay que tener en cuenta claramente que el Perú regresa a un sistema bicameral parlamentario (aprobado por ley en 2023 y ratificado para este proceso). Habrá 60 senadores y 130 diputados en total. No hay “senadores” y “diputados” separados en el sentido tradicional sin contexto, el Congreso se divide en Senado (60 miembros) y Cámara de Diputados (130 miembros). Los partidos deben superar el 5% de los votos válidos a nivel nacional -si es que no van en alianzas, de lo contrario sube ese porcentaje- para participar en la distribución de escaños (o ganar al menos un escaño en un distrito electoral). Los “votos que no se computan” (descontando) son los blancos, nulos o inválidos, que no cuentan para el cálculo de válidos ni para el umbral del 5%.
La distribución de escaños es proporcional (usando el método de la cifra repartidora o D’Hondt en distritos electorales), pero para una estimación hipotética basada en encuestas (usando intenciones de voto presidenciales como proxy para partidos, ya que las encuestas congresales específicas son limitadas y variables), asumimos un escenario donde los partidos de los líderes principales y del “bloque” pasan el 5%, con shares aproximados de votos válidos (ajustados a datos de encuestas como Datum e Ipsos, donde partidos como Renovación Popular y Fuerza Popular lideran, y otros como APP o Ahora Nación rondan el umbral):
- Renovación Popular (López Aliaga): 15%
- Fuerza Popular (Fujimori): 10%
- Alianza para el Progreso (Acuña): 5%
- Ahora Nación (López Chau): 5%
- País para Todos (Álvarez): 5%
- Primero Perú (Vizcarra): 5%
- Otros partidos por debajo del 5%: 35% (no participan en escaños)
- Votos válidos totales: 100% (descontando votos inválidos, que en encuestas rondan 20-25%, pero no afectan el cálculo proporcional).
Los partidos que pasan el 5% suman 45% de los votos válidos. Los escaños, tanto para el Senado como para la Cámara de Diputados se distribuyen solo entre ellos, normalizando sus porcentajes (es decir, se reparte el 100% de los escaños proporcionalmente a sus shares dentro de ese 45%).
Cálculo paso a paso (estimación proporcional nacional, simplificada; en realidad varía por distritos):
- Total de votos para partidos que pasan: 45%.
- Porcentajes normalizados:
- Renovación Popular: 15/45 ≈ 33.3%
- Fuerza Popular: 10/45 ≈ 22.2%
- Cada uno del bloque (APP, Ahora Nación, País para Todos, Somos Perú): 5/45 ≈ 11.1%
- Para los 60 senadores (redondeando por proporcionalidad simple; en práctica se usa D’Hondt para evitar fracciones):
- Renovación Popular: 33.3% × 60 ≈ 20 senadores
- Fuerza Popular: 22.2% × 60 ≈ 13 senadores
- Cada partido del bloque: 11.1% × 60 ≈ 7 senadores (total para los 4: 28)
(Suma: 20 + 13 + 28 = 61; ajuste por redondeo a 60 quitando 1 a uno grande).
- Para los 130 diputados:
- Renovación Popular: 33.3% × 130 ≈ 43 diputados
- Fuerza Popular: 22.2% × 130 ≈ 29 diputados
- Cada partido del bloque: 11.1% × 130 ≈ 14 diputados (total para los 4: 56)
(Suma: 43 + 29 + 56 = 128; ajuste por redondeo a 130 agregando 1-2 a los mayores).
Esto es una proyección hipotética; en realidad, depende de la distribución por distritos (27 en total, con más escaños en Lima) y podría variar si más partidos pasan el 5% o si hay alianzas. Si uno del bloque “salta” (ej. Acuña a 8-10%), su partido podría ganar 10-12 senadores y 20-25 diputados, reduciendo los de otros. Las encuestas congresales (como las de Datum) muestran partidos como Fuerza Popular y Renovación Popular con shares más altos (20-25%), pero el bloque aún bajo umbral en muchos casos.
Para simular un ejemplo de las elecciones generales de Perú en 2026 (programadas para el 12 de abril), tomamos como base las encuestas más recientes de febrero de 2026 (de firmas como Ipsos, CPI y Datum), que muestran a Rafael López Aliaga (Renovación Popular) liderando con alrededor del 11-12% de intención de voto, seguido por Keiko Fujimori (Fuerza Popular) con 8-9%, y un grupo de candidatos como Carlos Álvarez (País para Todos), Martín Vizcarra (Primero Perú), César Acuña (Alianza para el Progreso) y Alfonso López-Chau (Ahora Nación) rondando el 4-6% cada uno. Hay un alto porcentaje de indecisos (25-45%) y votos en blanco/nulos (15-25%), lo que hace el escenario volátil con cifras de alto riesgo para el resultado final electoral (40% – 70% si fueran blancos y nulos en caso aumente la cifra de indecisos por cansancio, indiferencia o negación de las opciones políticas)
Asumiremos un escenario hipotético donde estos partidos superan el umbral del 5% de votos válidos nacionales para el Congreso, y usaremos porcentajes ajustados aproximados: 15% para Renovación Popular, 10% para Fuerza Popular, 7% para País para Todos, 6% para Primero Perú, 5% para Alianza para el Progreso y 5% para Ahora Nación (sumando 48% de votos válidos; el resto se distribuye en partidos por debajo del umbral o inválidos, que no cuentan para la asignación de escaños).
Recuerden que esta es una simulación simplificada a nivel nacional, usando el método D’Hondt (o cifra repartidora, como se aplica en Perú) para la distribución proporcional de escaños. En la realidad:
- El Congreso es bicameral: 60 senadores (30 elegidos a nivel nacional proporcional, y 30 en distritos electorales: 1 por la mayoría de los 27 distritos, con Lima Metropolitana eligiendo 4).
- 130 diputados, distribuidos por distritos electorales (proporcional por población, con D’Hondt en cada distrito).
- Los partidos deben superar el 5% nacional o ganar al menos un escaño en un distrito para participar en la distribución.
- Para esta simulación, trataremos los totales como si fueran nacionales proporcionales (aproximación, ya que no hay encuestas distritales detalladas), descontando votos no válidos y enfocándonos en los partidos que pasan el umbral.
Simulación de la Elección Presidencial
En la primera vuelta (asumiendo votos válidos totales: 20 millones, excluyendo ~20% de blancos/nulos):
- Rafael López Aliaga: 15% (3 millones de votos).
- Keiko Fujimori: 10% (2 millones).
- Carlos Álvarez: 7% (1.4 millones).
- Martín Vizcarra: 6% (1.2 millones).
- César Acuña: 5% (1 millón).
- Alfonso López-Chau: 5% (1 millón).
- Otros candidatos/partidos: 52% (10.4 millones, dispersos y mayormente por debajo del 5%). Esta cifra demuestra anticipadamente la gravedad de la irresponsable reforma electoral puesta en curso.
Existe una interpretación de ilegitimidad en el resultado, ya que cerca del 50% de votos para el Senado y la Cámara de Diputados, se eliminarían al no lograr superar el requisito de representantes elegidos. ¿Se puede dejar de lado tan alto número de votos?
Lo significativo es que además, ninguno supera el 50% del total de votos válidos, por lo que hay segunda vuelta entre los dos primeros lugares: López Aliaga vs. Fujimori. En un escenario hipotético (basado en encuestas de enfrentamientos como las de Ipsos, donde López Aliaga gana en la mayoría de matchups con ~35-40%), Rafael López Aliaga gana la presidencia con 55% en la segunda vuelta, gracias a su base en Lima y el interior, mientras Fujimori retiene apoyo en la costa, pero pierde por rechazo acumulado.
Simulación del Congreso (Distribución de Escaños con D’Hondt)
Usando los votos de los partidos que pasan el 5% (total: 9.6 millones), aplicamos D’Hondt paso a paso. El método divide los votos de cada partido por divisores crecientes (1, 2, 3, …) y asigna escaños a los cocientes más altos hasta llenar el total.
Para ilustrar, aquí va un cálculo detallado con votos hipotéticos (en unidades simplificadas: 15 para RP, 10 para FP, etc., representando proporciones). El proceso:
- Calcula cocientes iniciales: RP/1=15, FP/1=10, PPT/1=7, SP/1=6, APP/1=5, AN/1=5.
- Asigna el primer escaño al mayor (RP=15), actualiza su siguiente cociente: RP/2=7.5.
- Siguiente mayor (FP=10), asigna a FP, próximo: FP/2=5.
- Continúa hasta asignar todos los escaños, priorizando los cocientes más altos en cada iteración.
Resultados simulados (calculados matemáticamente):
Senado (60 escaños, simulados como proporcional nacional para el ejemplo)
| Partido | Votos (proporcionales) | Escaños asignados |
| Renovación Popular | 15 | 19 |
| Fuerza Popular | 10 | 13 |
| País para Todos | 7 | 9 |
| Primero Perú | 6 | 7 |
| Alianza para el Progreso | 5 | 6 |
| Ahora Nación | 5 | 6 |
| Total: 60 escaños. Renovación Popular domina por su mayor voto inicial, pero D’Hondt equilibra ligeramente. |
Cámara de Diputados (130 escaños, simulados como proporcional nacional)
| Partido | Votos (proporcionales) | Escaños asignados |
| Renovación Popular | 15 | 41 |
| Fuerza Popular | 10 | 27 |
| País para Todos | 7 | 19 |
| Primero Perú | 6 | 16 |
| Alianza para el Progreso | 5 | 13 |
| Ahora Nación | 5 | 14 |
| Total: 130 escaños. Similar distribución, pero escalada; nota que AN recibe uno más que APP por redondeos en cocientes (D’Hondt favorece ligeramente a los mayores, pero aquí los iguales se alternan). |
En un escenario real, si Acuña “salta” (gracias a alianzas con Podemos Perú y Primero Perú), su partido podría subir a 8-10%, ganando ~8-10 senadores y ~20-25 diputados, reduciendo los de otros. Los distritos alterarían esto (e.g., APP fuerte en el norte, FP en la costa). Si más partidos pasan el 5%, la fragmentación aumenta.
Esta simulación es educativa y basada en tendencias actuales; el resultado real dependerá de la campaña, de la posición que tomen los indecisos y los eventos de última hora.
Escenario de “NO voto por nadie”
Una campaña “no voto por nadie” (es decir, voto en blanco o nulo masivo) no anula automáticamente las elecciones si supera el 50%, pero sí podría hacerlo si alcanza o supera los dos tercios (66.67%) de los votos emitidos (no del padrón total, sino de los que realmente votaron ese día).
Les explicamos con base en la normativa vigente (Constitución Política y Ley Orgánica de Elecciones):
Regla clave (Artículo 184 de la Constitución Política del Perú)
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) declara la nulidad de un proceso electoral (presidencial, congresal, referéndum, etc.) cuando:
“los votos nulos o en blanco, sumados o separadamente, superen los dos tercios del número de votos emitidos”.
- Dos tercios = aproximadamente 66.67%
- Esto se aplica sumados (blancos + nulos juntos) o separadamente (si solo los blancos superan 2/3, o solo los nulos).
- Se calcula sobre los votos emitidos (es decir, los que fueron depositados en las urnas), no sobre el padrón electoral total ni sobre los votos válidos.
¿Qué pasa si se alcanza o supera ese umbral?
- El JNE declara la nulidad del proceso.
- Se convoca a nuevas elecciones en un plazo máximo de 90 días (según la Ley Orgánica de Elecciones y precedentes). Escenario de máxima inestabilidad donde se podría “exigir” que los que participaron, no vuelvan a hacerlo (podría surgir un outsider “anti todos” con una fuerza y proyecciones insospechables)
- En la práctica, sería como repetir todo el proceso (primera vuelta o segunda, según corresponda) o generar un gobierno de emergencia que no deje el poder hasta pacificar al país (lo que sería una excusa perfecta para demoler la poca institucionalidad del Perú, llamar a una Asamblea Constituyente y revertir las tendencias políticas en general, favoreciendo un autoritarismo irremplazable).
Diferencias importantes
- Voto en blanco o nulo: Sí cuentan como “emitidos” para este cálculo de nulidad, pero no son votos válidos → no ayudan a elegir presidente ni a repartir escaños en el Congreso (solo influyen en el umbral de nulidad).
- Ausentismo (no ir a votar): No cuenta para nada en este umbral. Aunque el 50% o más no vote (quedándose en casa), las elecciones no se anulan por eso. Solo se computan los votos de quienes sí fueron. El voto es obligatorio en Perú, pero la multa por no votar es baja y no invalida el proceso.
- Ejemplos históricos: En elecciones pasadas (como 2021), los blancos + nulos llegaron a ~17-18% en primera vuelta, lejos del 66%. Nunca se ha llegado a ese nivel en elecciones generales modernas, pero la norma existe precisamente para casos extremos de rechazo masivo (entonces, podría ser posible).
Escenario hipotético con una campaña del “No voto”
- Supongamos que vota el 60% del padrón (ausentismo 40%).
- De los votos emitidos: 70% son blancos/nulos → esto es más del 66.67%, por lo que sí se anularían las elecciones y se repetirían.
- Si solo llega al 60% blancos/nulos (de emitidos) → no se anula, y ganaría el candidato con más votos válidos (aunque con muy poco respaldo real).
En resumen: sí se pueden anular si los blancos + nulos superan los 2/3 de los votos emitidos (alrededor de 66.7%). Es una herramienta extrema para evitar que un proceso con rechazo masivo se valide.
Si la campaña logra movilizar tanto voto protestatario (y la gente va a votar en masa para anularlo), sería un mensaje muy fuerte al sistema político.
El hartazgo que describimos en anteriores informes es real y palpable en estos días. Lo que mencionábamos -la falta absoluta de debates serios, cero propuestas de país que generen consenso, la soberbia y la vanidad que dominan el discurso- es exactamente lo que mucha gente está sintiendo en Lima y en provincias. No son solo “gritones”, sino que además parecen incapaces de mostrar un mínimo de ejemplo ético o moral que convenza a alguien más allá de su núcleo duro.
En las encuestas de febrero 2026 (Ipsos, Datum, CPI) ya se ve ese rechazo masivo reflejado:
- indecisos entre 30% y 45% (en algunos sondeos hasta 50%),
- blancos + nulos en intención de voto simulada rondando 20–30% (y subiendo mes a mes),
- y una percepción generalizada de que “todos son lo mismo” o “ninguno sirve”.
Si esa tendencia de polarización tóxica, insultos cruzados y cero autocríticas sigue escalando en los próximos meses (marzo–abril), sí es plausible que los votos blancos + nulos en la urna superen el umbral de los 2/3 de los votos emitidos (≈66.7%). No sería la primera vez en la historia reciente que un rechazo masivo se traduce en algo así:
- En referendos o consultas locales en Perú ya ha pasado (aunque en escala menor).
- En otros países de la región (Chile 2022 con el plebiscito de salida, o incluso Bolivia en algunos procesos) se han visto cifras muy altas de rechazo cuando la ciudadanía siente que no hay opción digna.
Lo interesante es que, para llegar a ese 66.7% de blancos/nulos, no se necesita que el 100% del país esté de acuerdo en anular; basta con que una mayoría abrumadora de los que sí vayan a votar lo hagan en señal de protesta (mientras el ausentismo también puede ser alto, pero no cuenta para el umbral de nulidad).
En resumen, López Aliaga y Keiko Fujimori son los líderes sostenidos en las encuestas y atraen más la atención de la ciudadanía hasta el momento, sin un respaldo abrumador como debería de ser en una elección presidencial, pero han caído en una pelea absurda e insensata que aún no se mide en sus efectos. Las heridas que se están provocando fortifican a sus militantes, simpatizantes y fanáticos que los respaldan, no se quitan de uno a otro, sino que, y este el gran problema, generan rechazo hacia ambos y desplazan el interés en el pelotón que sigue en las encuestas o peor aún, lograría crear el “No voto por nadie, rechazo a todos” que señalamos en este ensayo y análisis de probabilidades de una protesta contra todos, sin excepciones.
Los candidatos no están abriendo la mirada en las sombras, se han puesto por encima de la realidad y eso les va a pasar una factura enorme en la que no se ha tomado en cuenta que, hasta el momento, el 50% de votos para Senadores y Diputados se van a perder por no superar una valla que elimina. Es decir, millones de votos carecerán de representación parlamentaria.
