Son bien chistosos los periodistas, analistas, comunicadores y expertos que hablan y escriben en los canales, radios, podcasts y periódicos que se dedican muchas horas a repetir hipótesis que no tienen sustento y que han sido desmanteladas cada vez que las han vuelto a anunciar. Es común que por ejemplo, un sabiondo que cambió de canal luego de su frustrada candidatura que anunciaba invencible (y se retiró con un sostenido 0.1%) ahora se haga el genio de la lámpara y el de la palabra futura, casi casi como una vidente de su quebrado canal; o sea las lágrimas propias, echadas en el llanto ajeno. Es también usual que pichones de los medios, atolondrados porque les ponen ante las cámaras, se vuelvan “oráculos de razonamientos autopercibidos” y repitan como loritos casi a diario el mismo guion que nadie entiende.
“Estamos en una etapa donde los medios se han vuelto el peor medio para conocer la verdad”
Ni una sola elección es igual o se parece a la anterior, porque cada una revela distintos matices y escenarios; no entenderlo, es la causa de seguir inertes esperando milagros o que aparezca un outsider a la medida de los que esperan seguir usando el poder o viviendo de él (medios, grupos de presión, mini cárteles, familias dueñas de partidos, amigos y cómplices de los dueños de los partidos…). El Perú es un ensayo de irrealidades donde lo real es contrario a lo evidente y así cada hecho, cotidiano o nuevo se vuelve inexplicablemente contradictorio y nace una especie de costumbre por lo irreal y rechazo por lo certero. Vivimos aquí, negándonos y aprobando el caos que se permite como imperio del control (porque con el caos y la anarquía se justifica el abuso del poder).
Entramos a los 30 días vitales o fatales, donde se mueven las fichas del tablero de los intereses y las traiciones, donde los aliados piden más y los medios cobran más, donde las encuestadoras hacen de su festín, el futuro de un país sin rumbo porque no tiene punto de partida. Y así, los que están primeros siguen allí, y los tres que van en pelotoncito de segundos (cada uno con un tercio del primero, apenas superando la valla) rezan para dar el salto arrimando a uno de los primeros y entonces se atacan por estupideces, se juzgan por idioteces y se olvidan que los ciudadanos necesitan saber, conocer, escuchar, entender qué es lo que quieren hacer con el país, si es que son elegidos para esa misión tan complicada.
¿Lo que vemos en las encuestas es el techo, el límite de los candidatos? Por el momento sí, de acuerdo a lo que se viene podrían dar unos puntos más o desbarrancarse, pero siendo tan grande la dispersión, a un 1% en cada participante (digamos en 25 de ellos, ya estaría copado un 25%, sumando a Keiko y López Aliaga con 15% cada uno ya estamos en 55% y si añadimos los seis siguientes con 6% tres y 5% tres, ya estamos en 88% del total de votos válidos y quedaría el resto a los votos en blanco y nulos en un escenario que puede ser de mayor votación en blanco y nula).
Como ven, los números ya dan un techo y si nadie supera el 25% que debería ser una cifra mínima decente para poder decir “gané inobjetablemente”, es que seguimos en lo mismo de siempre, pero peor, en un escenario peor.
