El proceso electoral 2026 viene con muchas cargas explosivas, siendo la derrota de las izquierdas del odio -ese conjunto de extremistas, rufianes, mercenarios y agitadores que van desde los progres y caviares de café, hasta los ex revolucionarios de temporadas de “lucha armada” y comodidad burocrática en puestos del Estado- una gran noticia “en curso”, porque ni una sola de sus manifestaciones, marchas y movilizaciones refleja identidad con sectores sociales o grupos poblacionales que los respalden, muy por el contrario, el rechazo a la izquierda constituye en su conjunto una acción y decisión ciudadana imparable. Los vamos a enterrar.
Nadie los saluda en las calles, en el aeropuerto, en un café o restaurante, menos en centros comerciales. Como que se han escondido estas últimas semanas, ya que la gente los señala molesta cuando los ve, cuando las nota en hipócrita presencia en barrios y zonas donde jamás pisan con sus zapatillas importadas y camionetas de lujo esas candidatas avejentadas, las chanchas y las esqueléticas “maquilladas para parecer del pueblo”.
En estos días de cercanía al 12 de abril, las decenas de grupos de izquierda que presentan candidatos al Senado, la Cámara de Diputados, el parlamento Andino y la presidencia (con planchas vergonzosas) inundan podcast que pudiendo tener audiencias significativas NO impactan, porque no generan decisiones ni votos de respaldo. Los conductores de podcast, programas políticos, medios que se producen en las redes, NO te dan votos porque el programa es visto o comentado. Eso NO es campaña política, sino exposición mediática sin impacto efectivo, Ya lo van a ver, si es que no se han dado cuenta de ello.
Salir en un medio virtual que ven 10 mil y hasta 40 mil personas NO garantiza nada, ya que el discurso hipócrita de las izquierdas repugna, es ofensivo, se denota el mal como precedente en su afán de engaño y construcción de mentiras. Lo que no han hecho jamás, que es decir la verdad con gente honesta, les está costando esta vez muy caro, en NO conseguir votos, en no tener militancia, en no contar con masas de simpatizantes. No tienen ni un solo referente ético, ni una sola muestra de liderazgo moral, ni un solo aporte al progreso y desarrollo del país y eso, la gente, la ciudadanía lo está diciendo y se mostrará como evidencia contundente este 12 de abril.
Por eso, hay que estar alertas, porque las izquierdas del odio van a salir a quemar e incendiar, van a victimizarse haciéndose daño entre ellas y van a buscar acusar a los ganadores de cualquier tropelía. Mucha atención.
Las izquierdas del odio, el término más prudente que han recibido como identidad, se preparan para ejecutar con violencia y mucha agresividad su rechazo a los resultados electorales, frente a la gran derrota que revelará su limitado espacio político.
Me alegra que la izquierda sea derrotada, pero me preocupa no ver una Derecha que se hable y se proponga un límite a la discrepancia, a fin de cerrar las páginas de odio de las izquierdas, para comenzar a escribir las páginas del diálogo y entendimiento entre la ciudadanía que quiere una mejor Democracia con mayor Libertad.

