La fragmentación política y partidaria es extrema en estas elecciones y es un problema real para la frágil, débil y muy golpeada democracia en el Perú, con más de 35 candidatos oficialmente inscritos (el Jurado Nacional de Elecciones tiene 36 fórmulas inscritas, aunque un candidato falleció recientemente y la fórmula quedaría como no válida). Hablamos de un fenómeno que se venía, que tenía que ocurrir porque la legislación electoral y las reformas políticas no sirvieron de nada, más que de explosión y descrédito de los procesos democráticos, que van desde la negación de la bicameralidad (el pueblo decidió NO y el Congreso la resucitó) hasta la explosión inimaginable de decenas de “salvadores de la patria” y decenas de partidos que son cáscaras de vacío moral.
Esta fragmentación diluye el voto de los que van a votar (porque hay muchos que no van a ir a votar y si van, no lo harán para elegir a alguien, sino que lo harán por rechazo, en blanco o nulo) y este escenario complejo generará más inestabilidad y dejará a muchos candidatos y partidos con menos del 1% sin impacto real.
Mi reflexión sobre que quienes saquen <1% deberían repensar su participación partidaria (no es representativo ni aspirante a serlo el partido que tiene menos de 1% en términos reales), reconstruir sus líneas de acción y sus iniciativas y no participar -hasta rehabilitarse como organización de ideas y propuestas, líderes y dirigentes- en las elecciones regionales y municipales de este año, pretende ser una necesaria llamada de atención a los que han estafado o han sido estafados (sólo ellos lo saben). Las democracias deben premiar la consolidación, no la dispersión infinita.
Para armar la lista de 34-36 candidatos (ajustada a la relación oficial del JNE, excluyendo el caso del fallecido candidato), tomaremos como referencia principal la encuesta más reciente y detallada disponible: Datum Internacional (Marzo II 2026, trabajo de campo 6-10 de marzo, publicada el 15 de marzo). Es la única que ordena a casi todos los candidatos con porcentajes exactos de intención de voto (nivel nacional, muestra de 1.502 encuestas). Otras encuestas (Ipsos, CPI) coinciden en los primeros puestos, pero no detallan tanto los del pelotón de rezagados que siguen en el camino de la extinción electoral.
Aquí va el orden de preferencia según esta encuesta (de mayor a menor intención de voto; los empates se ordenan como aparecen en el informe):
- Rafael López Aliaga (Renovación Popular) 11.4%
- Keiko Fujimori (Fuerza Popular) 10.9%
- Alfonso López Chau (Ahora Nación) 6.5%
- Wolfgang Grozo (Integridad Democrática) 5.1% (con gran riesgo de pasar al pelotón de extinguidos)
- Carlos Álvarez (País para Todos) 4.0%
- César Acuña (Alianza para el Progreso) 3.8%
- Yonhy Lescano (Cooperación Popular) 3.2%
- Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno) 2.5%
- Mario Vizcarra (Perú Primero) 1.7%
- Ricardo Belmont (Partido Cívico Obras) 1.6%
- George Forsyth (Somos Perú) 1.5%
- Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) 1.4%
Pelotón de <1% (el “casi cero” que mencionamos, está compuesto por 24 candidatos según esta misma encuesta):
13 al 16. José Luna Gálvez (Podemos Perú), Rafael Belaúnde (Libertad Popular), Carlos Espá (SíCreo) y Roberto Chiabra (Unidad Nacional) cada uno con 0.8%
17 al 20. Marisol Pérez Tello (Primero la Gente), Ronald Atencio (Venceremos), Enrique Valderrama (Partido Aprista) y Alex Gonzáles (Demócrata Verde) cada uno con 0.7%
- Fernando Olivera (Frente de la Esperanza 2021) 0.5%
- Vladimir Cerrón (Perú Libre) 0.5%
- Paul Jaimes (Progresemos) 0.4%
24 al 27. José Williams (Avanza País), Fiorella Molinelli (Fuerza y Libertad), Mesías Guevara (Partido Morado) y Carlos Jaico (Perú Moderno) cada uno con 0.3%
28 al 31. Herbert Caller (Partido Patriótico del Perú), Rosario Fernández (Un Camino Diferente), Walter Chirinos (PRIN) y Álvaro Paz de la Barra (Fe en el Perú) cada uno con 0.2%
- Francisco Diez Canseco (Perú Acción) 0.1%
- Armando Massé (Partido Democrático Federal) 0.1%
- Charlie Carrasco (Partido Demócrata Unido Perú) 0.1%
- Antonio Ortiz (Salvemos al Perú) 0.1% 36.
Napoleón Becerra (PTE-Perú) 0.0% (fallecido el 15 de marzo; su partido podría ajustar)
Notas importantes:
- El resto del panorama: 21.5% Ninguno/Blanco/Viciado + 15.2% No sabe/No responde. ¡Más de un tercio del electorado aún no decide, no quiere decidir por hartazgo e indiferencia o rechaza todo!
- Otras encuestas recientes (Ipsos Perú21 de marzo, CPI) confirman el top 6-7 con variaciones mínimas (a veces Keiko sube o Grozo baja), pero el pelotón de casi cero es idéntico.
- Fuente principal: Datum Internacional (encuesta nacional urbano-rural oficial). Los datos son públicos y consistentes con el escenario a solo semanas de la primera vuelta (12 de abril).
Las causas de la fragmentación política en el Perú, especialmente de cara a las Elecciones Generales 2026 (36 planchas presidenciales inscritas y 43 organizaciones políticas habilitadas, un récord histórico).
Esta fragmentación —donde nadie supera el 12-15% en encuestas y decenas de candidatos y partidos están en el “casi cero” que mencionamos— no es casualidad, es el resultado de un cóctel de factores “estimulantes” donde resaltan causas institucionales, legales e históricas que han convertido al Perú, lamentablemente, en el caso más extremo de “democracia sin partidos” en América Latina o de partidos asumiendo el reemplazo de la democracia que está casi enterrada en una nación que todo lo desacredita, lo desprestigia y lo destruye.
La causa legal principal: barreras de inscripción bajísimas (el “quid” está en la ley)
La Ley de Organizaciones Políticas (N° 28094 de 2004 y modificaciones) relajó drásticamente los requisitos para crear partidos con falsos argumentos de “democratización amplia”.
- Hasta el año 2016: Se exigía 4% del padrón electoral (más de 500.000 firmas).
- Cambio clave en 2019 (Ley N° 30995): Se bajó a solo 0.1% del padrón (unas 22.000-25.000 adherentes/firmas). Justificación oficial: “mayor participación ciudadana”. Resultado: explosión de partidos efímeros, cáscaras, fantasmas, mercantilistas al acecho, pretendiendo nuevas formas de presión y poder.
- En 2024 (Ley N° 31981) se intentó subir de nuevo al 3%, pero no aplica a los ya inscritos. Por eso, hoy hay 43 organizaciones listas para este 2026.
Además, el Congreso eliminó en 2024 las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), que actuaban como filtro. Ahora cualquier grupo con esas firmas mínimas presenta plancha presidencial sin probar representatividad real. Esto explica por qué no hay outsiders, sino fábricas temporales de caudillos desconocidos que en sus localidades invierten fondos de dudosa procedencia y arman “movimientos cáscara” que ahora están compitiendo en un desmadre electoral de consecuencias poco edificantes.
Sistema electoral que premia la dispersión
- Valla electoral baja: Solo 5% de votos válidos para partidos (6% para alianzas) para entrar al Congreso. En el año 2021, con 18 agrupaciones contendientes, 9 partidos o alianzas lograron escaños. Este año 2026 (bicameral: 60 senadores + 130 diputados) será peor.
- Voto preferencial: Incentiva que los candidatos compitan entre sí dentro del mismo partido (y aumente el transfuguismo: 55 congresistas cambiaron de bancada desde el 2021).
- Bicameralismo reintroducido: Más escaños = más fragmentación. (Irónicamente, el referéndum del 2018 lo rechazó con 90% de votos, pero el Congreso se burló de la decisión ciudadana otra vez más).
- Para la presidencia: Cero barreras altas. Cualquier partido inscrito presenta fórmula presidencial. Se relajó también la exigencia ética.
Crisis histórica e institucional: “democracia sin partidos” + Congreso todopoderoso
- Desde la transición post-Fujimori (2000) no se consolidaron partidos fuertes e ideológicos; surgieron vehículos electorales personales, cárteles políticos y mercantilistas.
- Punto de quiebre: 2016 en adelante. Fujimorismo rompe hegemonía → disolución del Congreso 2019 → elecciones 2020 → ocho presidentes en diez años (seis no llegaron por elección popular, sino por una extraña serie de vacancias, renuncias o censuras).
- El Congreso se convirtió en “el autoritarismo legislativo”: usa la vacancia por “incapacidad moral” como arma política sin controles reales. Esto debilita al Ejecutivo, destruye partidos tradicionales y fomenta que cualquiera se lance “porque el Congreso manda igual” y los antecedentes y condenas no son una barrera que impida el acceso de corruptos e impunes.
Resultado: 93% de desaprobación al Congreso, 21-30% de blanco/viciado en encuestas y ciudadanos que no se sienten representados → más candidatos “salvadores” que agravan el problema (populismos, demagogia, perdedores resucitados)
Factores culturales y estructurales
- Partidos personalistas (caudillos regionales, personajes mediáticos) en vez de programáticos.
- Alta polarización, desconfianza y conflictividad social (257 protestas solo en octubre 2025).
- Falta de incentivos para alianzas reales (aunque el plazo venció en agosto 2025).
- Percepción de corrupción y “banalización” de la Constitución (reformada casi 60 veces en 2024 para enredar el poder).
¿Por qué es tan dañino todo este conjunto de decisiones irracionales?
Esta fragmentación genera presidentes con mandato débil (posible ganador con 15-20% en primera vuelta) y lo que suceda en la segunda vuelta NO es el respaldo ciudadano, sino la consecuencia de la obligación de escoger entre lo peor y lo mucho peor; además habrá un Congreso ingobernable y negociador de intereses de grupos de poder y pequeños grupos de presión (ningún partido cerca de mayoría, alianzas solo para la Mesa Directiva pero sin Agenda legislativa) y parálisis entendida como otro “piloto automático más”.
El drama es que “las democracias no deben llegar a estos extremos” porque destruyen la idea de democracia.
Los de <1% diluyen el voto sin aportar nada y solo complican la información al elector. Mi propuesta —que quienes saquen menos del 1% reflexionen y se enfoquen en nuevos puntos de partida (a los que han fracasado) con una dosis de posibilidad si se reconstruyen, si se rehabilitan con la ciudadanía, es que ahí sí pueden construir base real progresiva sin fragmentar lo nacional.
