Es imposible creer que todo lo que pasó en Chile los últimos cinco años en especial (además de los años que le antecedieron en el sinuoso manejo izquierdista desde el gobierno o en el manejo saboteador desde la oposición destructiva del partido comunista, la irónica “democracia cristiana” y los que se dicen socialistas cuando dictaban el abuso desde el poder) no haya impactado en el frente económico de forma escandalosa, en lo social de forma degradante, en lo educativo de manera incongruente y en lo político como lo que vemos, con un sector echado a perder el tiempo y hacerlo perder, porque su interés, como el de todas las izquierdas es el mismo: caos, anarquía, descrédito, desinstitucionalización y siembra de un “nuevo orden de cosas” después de la destrucción.
Nos preguntamos luego de reflexionar sobre un país como Chile, desembarcado del avance, estancado desde el gobierno y por momentos en atormentado retroceso que nadie detenía, ha girado en sentido positivo ¿Resistirá el embate de las izquierdas del odio que están en partidos “célula” organizados, en medios militantes y activistas que petardean a la democracia con apasionamiento inconfundible y que cubren y se cubren con ONG y otro tipo de colectivos extremistas que gozan de frondosas finanzas irregulares? Vaya problema para el nuevo gobierno de José Antonio Kast, pero vaya reto para su Equipo, en cuyas mentes brillantes de encuentran gentes de excepción para el manejo de lo público (talentos y liderazgos que provienen de Libertad y Desarrollo, de la Fundación Jaime Guzmán y de algunos otros centros de formación y opinión que han generado cantera de dirigentes de ejemplo).
Chile tiene mucho por delante y una mochila pesada por detrás. Chile posee, con Kast, la posibilidad de tener un extraordinario impulso al progreso y al desarrollo, pero tiene y debe de acabar con los estorbos estatistas que le quedan (tramitología, procesos engorrosos, informalidad creciente, trabas a las inversiones, limpieza de normas, reducción de la enorme planilla estatal y de oficinas públicas inservibles, fallas de selectividad en la inmigración, reordenamiento de una agenda de consenso y algo importante, hacer coincidir en grandes objetivos nacionales a todos los chilenos). Tares de trabajo ¿lo ven?
Chile tiene que rehabilitar la institucionalidad y con Kast, existe esa posibilidad.

