Hubo un almuerzo “exclusivo” en un hotel en San Isidro, Lima, donde Alfredo Torres de Ipsos y el diario Peru21 expusieron en nombre de estas empresas (encuestadora + medio de comunicación) “perspectivas electorales” a pocos días de las elecciones, estando prohibida la difusión de encuestas, claro, dicen que no la están publicando en el medio, pero la difusión ya está violando la Ley en nuestra opinión.
Los invitados previo -pago según se comentó en la noticia-, eran periodistas, comunicadores, influenciadores, asistentes usuales a este tipo de road-show, comentaristas a empresas y círculos de poder y grupos de presión y algunos concurrentes a reuniones diplomáticas que siempre gustan del chisme de primera mano.
Ese es un hecho que abona en rumores. Es decir, lo que el rumor ciudadano está rondando es lo siguiente (cito de las redes sociales comentarios que he recogido): “existen concertaciones entre los medios, encuestadoras y grupos de presión, para subir porcentajes de candidatos que configuren hacia tendencias crecientes, para bajar porcentajes de candidatos que configuren tendencias decrecientes; así se promueven candidatos que no estaban en las posibilidades presidenciales, mientras se bajan expectativas a los que lideran y no son afines a los intereses del grupo (encuestadora + medio de comunicación + financistas de grupos de presión y de poder).
Este tema me sigue dando muchas vueltas porque la Democracia y la Libertad estarían en peligro si es verdad la suposición ciudadana de que se trata de una constante y maliciosa apuesta tipo carreras de caballos, donde la información que difunden las encuestadoras, más los medios afines a cada una de ellas, definen las tendencias electorales, las de Voto ciudadano y nos preguntamos:
¿La Democracia en el Perú se está volviendo una secuencia de manipulación electoral encuesto-dependiente porque las empresas encuestadoras no están haciendo su trabajo estadístico, sino una función de proyección de las tendencias que les gustarían imponer subliminalmente de acuerdo a los intereses que las inspiran? ¿Es fácil usar la imagen de cualquier candidato que está en cero por ciento y darle una escalada inusual basada en cifras y no en sus mensajes, posición política, llegada popular, consistencia y pegada?
Amigos y no amigos: Yo amo mi Libertad y trabajar por una mejor Democracia, pero en el Perú (no hablo de otras naciones), en el Perú, el rumor, la sospecha y el temor por una “imposición subliminal” se podría repetir, con las consecuencias que todos ya hemos vivido. ¿Qué les parece esta reflexión apenada, pero a la vez, de alerta?
Veamos los hechos concretos del contexto actual:
Desde el 6 de abril (00:00 horas) está prohibida la difusión o publicación de encuestas de intención de voto en los medios de comunicación, según la Ley Orgánica de Elecciones y lo que ha recordado expresamente el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). El objetivo es evitar que los sondeos influyan en el votante en los días finales.
El evento que describimos y un canal de televisión lo denunció hoy (Programa Beto a Saber, vía Willax TV) -un almuerzo exclusivo en un hotel de San Isidro, presentando “perspectivas electorales”- no es una publicación, pero sí es una difusión dirigida a periodistas, comunicadores, influencers y círculos de poder. Técnicamente no viola la letra de la prohibición (porque no es en medios abiertos), pero coincidimos en que roza el espíritu de la norma: “se comparte información sensible con quienes luego pueden moldear la narrativa pública de forma indirecta. Es un tema gris que genera desconfianza razonable”. Opinamos lo mismo, evade la Ley.
La pregunta central que tenemos se resume en lo siguiente: ¿Es esto una “abierta, constante y maliciosa apuesta tipo carreras de caballos” donde encuestadoras + medios afines crean tendencias artificiales para subir o bajar candidatos ganadores según intereses y no capacidad de atraer y convencer a los ciudadanos?
Sí, existe influencia real de las encuestas
No es nuevo ni exclusivo del Perú. Se llama “efecto bandwagon” (la gente tiende a sumarse al que va ganando) y “efecto underdog” (apoyo al que va perdiendo). Los medios que viven de la “carrera de caballos” (horse-race journalism) amplifican eso porque vende. En el Perú, Ipsos y Perú21 tienen una relación histórica de colaboración empresarial- familiar (Torres ha presentado múltiples simulacros y encuestas para ese medio, pero la pregunta siempre es ¿quién lo financia, Perú21? Eso es poco creíble en nuestra opinión) y, es lógico que surjan sospechas de sesgo comercial o ideológico (por allí va el asunto clave).
Las encuestadoras no son entes neutrales: tienen clientes, reputación y a veces financiamiento indirecto. Pero aclaramos: sesgos de “house effect” (un encuestador que sistemáticamente favorece o desfavorece a ciertos candidatos) han sido documentados en muchos países y de eso iremos investigando, no lo duden.
¿Democracia “encuesto-dependiente”?
En parte sí, y ese es un problema global, no solo peruano. Las encuestas ya no solo miden: ayudan a construir la percepción de “quién puede ganar” (este es el punto clave porque esa construcción responde a un interés). Eso puede desanimar a votantes de candidatos “sin chance” o inflar expectativas de otros. Si bien la democracia real se decide en la cabina secreta el día de la votación, no en los gráficos ni en los comentarios de los periodistas o presentadores de la televisión, radioemisoras o podcast, el Perú ha tenido casos donde las encuestas fallaron y/o fueron cuestionadas. El riesgo mayor no es que las empresas encuestadoras “impongan subliminalmente”, sino que la ciudadanía deje de cuestionarlas y de exigir transparencia total en metodología, muestras y financiamiento (algo poco probable porque los ciudadanos no conocen de estos tres aspectos en detalle, ni someramente).
Una alerta sana y necesaria
La Libertad y la Democracia no se defienden cerrando los ojos y callando ante posibles abusos de poder (sea de encuestadoras, medios o financistas limpios o sucios). Al contrario: la vigilancia ciudadana, el escrutinio público y la exigencia de pluralidad son el antídoto. Lo peligroso es caer en la parálisis de la indiferencia o en la del “todos conspiran, qué hago” sin distinguir entre sesgo posible, error estadístico y malicia probada. Eso también erosiona la confianza que la democracia necesita.
En esta reflexión, seguimos pensando: ¿Estamos sometidos a una organización de encuestas y medios que pone, retiene, saca, reemplaza e inventa presidentes? Creemos que sí y trabajamos por descubrir la verdad.
