Asistimos nuevamente a escribir la historia de la histeria en el Perú, sumando hechos que sabíamos que iban a ocurrir y por lo cuales no hicimos nada para evitarlos, porque pensamos, repensamos que no volverían a ocurrir, pero sucedieron como siempre pero peor o tal vez, de forma más fina, más preparada y elucubrada para evitar el descubrimiento en el momento en el que se daban los sucesos, en este caso, las elecciones generales donde son 36 partidos los que compitieron (de los cuales más de 30 ni existen, no tienen dirigencia nacional, estructuras de rostros visibles en el país, locales de atención ciudadana, canales de TV aunque sea en YouTube para informar o explicar qué hacen, qué quieren, qué ofrecen, qué prometen… nada visibles, nadie reconocido).
¿Así se permitió que cualquier digamos, delincuente, prontuariado, engañoso, sinvergüenza y desadaptado sea candidato junto a su banda de criminales no sólo de eso que se llama política, sino de eso que sabemos son las organizaciones criminales que deforestan la Amazonía, extraen ilegalmente recursos minerales, manejan la pesca negra y el contrabando de especies protegidas, arman grupos de extorsión en el transporte, construcción civil y la denominada “protección” a comercios (tiendas, farmacias, restaurantes, pequeños negocios emergentes), que se dedican también al manejo de licitaciones públicas desde una pequeña municipalidad distrital, provincial, en los gobiernos regionales y todo el aparato del Estado y juegan en pared, porque lo hacen, con el narcotráfico?
¿No me entiendes o te haces de nuevo el indiferente? Te hablo de nuestra Patria, del Perú que ya no sabe gritar un gol de la victoria, sino callar o llorar ante el fracaso de los sucesivos gobiernos que han matado oportunidades y esperanzas para todos. Te hablo de nuevo para que recapacites y no seas indiferente, no para que tires piedras o hables con el hígado cualquier estupidez y hagas promesas de rebeldía insensata, de eso no, para eso ya hay algunos imbéciles expertos en dividir, enfrentar y ofender, como si la vanidad y la soberbia produjeran bondades y felicidad (“para todos”, esa es la frase que siempre hay que añadir cuando hagas compromisos de bien o creas por lo menos, que son para bien “de todos”, no sólo de tu equipo o de tu partido).
Estamos nuevamente en la disyuntiva entre que pase un candidato “no comunista” junto a la gran ganadora de la primera vuelta, Keiko Fujimori de Fuerza Popular, o que pase un candidato comunista y volvamos a escenarios que son conocidos: angustia, peleas, desaciertos, alianzas contra lo correcto, traiciones, desacuerdos… una novela inimaginable, ya que es por partes y se va contradiciendo cada día. Así es el Perú, el reino de las contradicciones.
Regresaba estos días de las zonas más altas de Arequipa, allá donde el oro se extrae mediante un trabajo de alta rigurosidad con respecto al cuidado del medio ambiente y donde cada trabajador es un estandarte en su familia y en su comunidad. Regresaba y seguía pensando porqué nos ocurre siempre lo mismo, si ya sabemos que nos vuelve a suceder. Las elecciones son siempre el día final de nuestro anticipado juicio final, que se repite ese día y luego se multiplica otra vez, con la temperatura política que se calienta con un odio y una ira sembrada en cada ciudadano, como un virus contra la Democracia, contra la Libertad. Y me preguntaba: ¿Existe alguna vacuna que nos proteja de nosotros mismos frente a los efectos de la indiferencia o del odio?
No podemos esperar a que suceda todo de nuevo, si tenemos el antídoto: actitud y participación ciudadana.
