En “Desborde del Estado y crisis popular” sostenemos que el Estado peruano se encuentra sobredimensionado (elefantiásico), se extiende negativamente por todo el territorio nacional (un desborde abusivo, descentralista impositivo y dañino) y es excesivamente inclusivo pero de su propia red de burocracia, normas y métodos que se repiten en las casi dos mil municipalidades distritales, cerca de doscientas municipalidades provinciales, veintiséis gobiernos regionales y el aparato ministerial y de organismos descentralizados, empresas del Estado, entidades supervisoras y los poderes públicos -ineficientes e ineficaces- que a su vez concentran miles de burócratas que intercambian posiciones laborales con cada gobierno local, regional o nacional (transfuguismo y reacomodo por interés) y repiten labores improductivas que constituyen costos irrecuperables.
Las “masas populares” (pésimo término ideologizado de las izquierdas académicas para describir a las personas y la sociedad enfrentada que ellos desean imponer) es parte del discurso del marxismo cultural de la academia activista y militante de las izquierdas del odio y del enfrentamiento; esas masas, no desbordan ni se desbordan, al contrario, asumen la crisis popular de indiferencia y aceptación por agotamiento, de ausencia de representación para imponer y extender la informalidad negativa (existe también informalidad positiva) que inicialmente iba por buen rumbo como una válvula del nuevo capitalismo ciudadano del emprendedor peruano.
El desborde es del Estado, el Estado se desborda porque se introduce a golpes normativos en la vida ciudadana y emprendedora reprimiendo iniciativas privadas y, de la crisis popular nacen válvulas de escape negativo que se vuelven “normales”: informalidad hacia la ilegalidad, autogestión hacia la imposición, apropiación urbana invasiva en los extramuros residenciales, negocios educativos que destruyen la educación, expresiones falsas de la gente que se organiza en núcleos sociales que no aportan soluciones. Pero se les ponen al frente nuevas clases medias emprendedoras que contagian hacia arriba y forman un colchón económico y financiero extraordinario.
Y aclaramos, no se puede desligar esta afirmación: un mercado de informalidad negativa que forma cadenas de mini cárteles que se inyectan en el Estado desbordante para mantener privilegios de la criminalidad, es un pacto de perversión con lo ilegal (no lo informal) que asume como informal, que financia cárteles y éstos a políticos y medios que toman el rol de garantes del Estado desbordante que tiene como misión -justamente- garantizar la permanente crisis popular, directa o indirectamente. Se ha hecho un aparato de continuidad de daño.
El problema central para entender el “Desborde del Estado y la crisis popular”, es que esa energía social no logra vencer al Estado, le permite existir sin enfrentarlo y sobrevive pero a costos muy altos.
La crisis popular es de liderazgo, de ausencia de dirigentes y referentes, de participar en ciudadanía activa; por ello es necesario aglutinar esa fuerza social para ajustar al Estado, desmontarlo y reducirlo a lo necesario (de 1,5 millones de empleados públicos, pasar a un máximo de 500 mil con excelente formación, línea de carrera y de progreso).
Núcleo de “Desborde del Estado y crisis popular”
El discurso que impulsamos es el de invertir el enfoque ideologizado de la izquierda y por eso demostramos que:
- No es la sociedad la que desborda, sino el propio Estado abusivo, intolerante, discriminador y represivo.
- El Estado pierde capacidad de control, legitimidad y dirección. Nadie respeta al Estado porque no tiene instituciones que sobrevivan a su desborde y descrédito.
- Esto genera una crisis popular evidente, de carencia de instituciones intermedias que representen a la ciudadanía y sus pretensiones (no perduran asociaciones, colegios profesionales…)
- Por eso afirmamos que existe:
- Fragmentación social
- Desorden político
- Pérdida de representación
- Tensiones (nuestros puntos de debate)
Aquí está lo más interesante:
a) Sentido del “desborde del Estado”
- desborde = descomposición ideologizada provocada por activismo permanente
- Estado → no funciona como tal, falla y afecta a la sociedad en su conjunto
- crisis popular prolongada (que se repite con la destrucción de las instituciones intermedias)
- deterioro institucional por descrédito y búsqueda militante de nuevas formas de presión/poder
- populismo y demagogia como nuevo discurso para crear vacíos de gestión
- estamos en continua decadencia política y no se rehabilita la política
- crisis política de larga data, inacabable, parte de la historia nacional
- fragmentación del sistema de partidos por reformas absurdas de ONG militantes de izquierda
- informalidad persistente -negativa- que deviene en ilegalidad dominante
- economías de baja productividad que no permiten el progreso y desarrollo de las familias
Se plantea como tesis “Desborde del Estado y crisis popular”, porque:
- Priorizamos el orden institucional, la gobernabilidad y la cohesión.
- Evaluamos críticamente los efectos de la informalidad que no se formaliza.
- Usamos un marco institucionalista, severamente político y normativo.
- La informalidad no da pasos sostenibles, con el soporte del Estado, a la derrota de la ilegalidad.
Para entender el fenómeno social, político e histórico del Perú, se requiere anular la deficiente interpretación que la academia de la izquierda ha querido imponer como discurso, siendo absolutamente insostenible.
Vivimos, estamos a merced del Desborde del Estado y una crisis popular que no tiene fecha de expiración, si no le ponemos freno radical.

