Las empresas encuestadoras “que nunca se equivocan”, al igual que los analistas que son nada independientes y los periodistas militantes de los medios de comunicación activistas, se emocionaban el año pasado con anuncios como la candidatura presidencial del procesado Mario Vizcarra, hermano del también procesado y recluido en el penal de Barbadillo por algunos de sus múltiples crímenes, Martín Vizcarra (a) “Lagarto”, responsable directo de la muerte de más de doscientas mil peruanos en la pandemia del Covid.
Y se emocionaban porque desde octubre del 2025 comenzaron a ponerlo, de la noche a la mañana en segundo lugar con 8% después de López Aliaga que tenía entre 10 y 12%. Lo colocaban sobre Keiko Fujimori a quien la mantenían en el tercer lugar cada vez que iban apareciendo alfiles al gusto de La República, su “independiente” encuestadora aliada y los medios que van de la mano del diario de la ultraizquierda. Para hacer eco a esta forma de propaganda, los periodistas que fracasaron en sus podcast y canales de YouTube, replicaban, ensalzaban esa noticia y encuesta fabricada, a nuestro entender, para levantar a quien no era nada y nunca lo sería, no solo por falta de dotes de liderazgo y aceptación nacional, sino por carecer de palabra, rostro y mensaje popular.
Sin embargo, una feroz columnista cuyo resentimiento y vanidad van de la mano con la soberbia y arrogancia de sus “coleguitas” decía que siendo Vizcarra alguien que “agiganta su posición de antagonista, de adversario del statu quo, como lo he dicho antes, hoy es la némesis del poder” (risas enormes). Vaya gigante, vaya adversario de la corrupción que lideró, vaya “némesis” del poder. Y añadía la fanática que escribía sobre su ídolo: s”u capacidad de endose puede poner a quien lo representa en segunda vuelta” (de nuevo, más risas).
Fíjense pues, su endose fue del 0.85% para quedar en el puesto 17 (estallido de risas).
¿Saben qué amigos y no amigos? No existe endose de un convicto a un procesado. Lo que hubo y hay es una absurda intencionalidad de manipulación de la opinión pública para fabricar “punteros” a gusto de los medios y a criterio de grupos de presión donde los cárteles dominan. Ni el Lagarto ni la Lagartija inspiran confianza, como tampoco los medios y periodistas que lo promocionaban.
Tener 0.85% de votos a nivel nacional es como tener 8,500 ejemplares vendidos, una quiebra.

