Si las personas que al parecer están cerca de tu pensamiento y propuesta, te dicen lo que piensan, no lo hacen con malas intenciones, sino con la educación y sapiencia de tener algo que transmitir en momentos en los que estás decepcionando o te vas al hoyo por tus propias palabras, gritos y maldiciones. Hoy ese es el escenario en donde se agrupan unos cuantos exclamando “fraude” y no lo prueban y por eso, a ellos, no los aprueban.
De más de 32 millones de peruanos, unos veinte mil salieron a las calles convocados por el candidato que obtuvo el tercer puesto en la primera vuelta presidencial. Veinte mil no son el Perú ni lo representan, como nunca fueron representación del país los cuatro gatos de las izquierdas del odio cuando anunciaban sus “tomas de Lima”.
Estamos en una coyuntura de repliegue izquierdista para saltar sobre los demás, mientras las derechas o los que se dicen así se encuentran lanzando gritos y anuncios que no les son propios. Hay un intercambio imprudente de voces y rostros, como si las derechas se estuvieran “antaurizando” y las izquierdas se hubieran calmado, para dar la impresión de tener -los extremistas de izquierda- equipos de gobierno, propuestas radicales pero razonables y algunos personajes “cercanos” dispuestos a respaldar un nuevo gobierno revolucionario. ¿Eso ocurre ahora? Sí.
Mientras Fuerza Popular con Keiko Fujimori van sembrando territorialmente mensajes de impacto “uno a uno”, el perdedor López Aliaga sigue inyectando inestabilidad, fanatismo por la sinrazón y un peligroso discurso donde proclama rebeldía sobre el orden y caos por encima de la Ley. Esa es nuestra observación y opinión: López Aliaga sigue perdiendo más votos ahora que en la primera vuelta y se está ganando un rechazo enorme que le costará cualquier futura elección.
Decir que no asumirá el cargo de Senador -para el cual fue elegido-, porque “le han robado las elecciones” es la muestra infantil de su rabieta. ¿Porqué se presentó para presidente y para Senador? ¿Porqué jugó a dos ases en vez de ir al cargo principal? Es sencillo: él sabía que iba a perder pero quería, si llegara a perder, ser el presidente del Senado y del Congreso de la República, algo imposible por sus votos obtenidos y porque nadie lo aceptaría.
O sea que, porque otro gana a las justas y tú quedas fuera de juego, habiendo gastado millones en la campaña, echas todo de lado y dices: ¡no juro! Vaya locura de inestabilidad manifiesta. Este es el recurso del llorón que no se había visto en la historia política del Perú. Es el “no quiero nada, me voy con mi pelota, nadie juega sin mí”.
¿Habrá alguien que le haga ver la tremenda estupidez que comete este perdedor?
