Se va acabando el tiempo de discusiones y enredos legales porque no existen suficientes argumentos, ni vemos evidencias contundentes que demuestren lo que todos sienten que hubo pero nadie logra probar: el fraude en el proceso electoral reciente. Y es que la carencia de personeros por un lado, y de representantes acreditados como jefes de personeros de cada partido en cada circunscripción regional, provincial y distrital fue tan grande, que no quedan espacios para decir que hubo concertación de intereses, intencionalidad criminal hacia el fraude.
Sentimos, percibimos, creemos con fuerza que hubo fraude, pero eso no basta, porque se requieren pruebas que sean contundentes y además, un margen de votos que lo represente. ¿Que las leyes están mal dadas y necesitan ver el panorama en su conjunto y no sólo la acumulación de cifras o de votos? Es cierto, pero ¿No estaban acaso totalmente preparados “esta vez” los partidos en contienda? ¿No había un candidato que anunciaba con vanidad que tenía mapeado el país y cada mesa de sufragio y que “esta vez” no se la hacían de nuevo? ¿No decían unos y otros por allí, que ganaban en primera vuelta y ni siquiera ese “uno” pasó del 12% y los “otros” se quedaron más abajo del 0,5% en resultados? Entonces, como dicen nuestros redactores en Minuto Digital news, ¿dónde está la prueba del fraude electoral?
Compatriotas, cuando alguien miente con tanta rapidez y frecuencia, establece la secuencia del infortunio y del fracaso. Eso es lo que ha ocurrido porque la soberbia se superpone a la verdad. No estamos entre decidir si se rechazan los resultados o se aceptan irregularidades; estamos creando un espacio para el caos, cuyo ocupante puede ser la extrema izquierda y nuevamente, la mayor responsabilidad parece recaer en quien ha hecho de la política del odio su juego de errores, porque vacó a Boluarte y a Jerí y posicionó a un comunista en el gobierno del Perú, metiéndonos en el peor escenario que jamás hayamos tenido y nos preguntamos ¿no estará jugando a otros intereses “el supremo vacador”, favoreciendo este caos para sacar ciertos provechos insospechados?
No se puede jugar con la extrema izquierda peruana cuyas raíces y brazos están manchados de terrorismo y de traición permanente. No se puede traicionar la Libertad para destruir nuestra frágil democracia, si es que no le hacemos caso a un atolondrado perdedor. Los caminos de la Libertad no tienen senderos a la izquierda, esos son abismos de esclavitud y no vamos a permitir que quien no supo valorar el encuentro de las fuerzas democráticas se ponga a cavar la tumba de nuestra existencia ciudadana.
En esta segunda vuelta, la lucha es Democracia y Libertad, o comunismo y esclavitud.

