Estos días, los muertos vivientes de las izquierdas extremistas -que son pequeñas, pero con varias unidades de acción política, feudos de único dueño- se han estado acercando de rodillas ante las oficinas de Roberto Sánchez (a) “el sombrerero”, a fin de lograr ser incluidos, aunque sea nominalmente y por ahora, como futuros miembros de su gobierno, en caso pudiera ser elegido. Estos reciclados burócratas, fracasados y rechazados por la gente, se han puesto capuchas sobre sus rostros, máscaras sobre sus iras y odios, pasamontañas de cogoteros y avispados sumisos, viejos conocidos, izquierdistas jubilados por condena ciudadana (cero votos, cero representatividades) y con un discurso lleno de hipocresía y perversidad por volver al poder que no les corresponde y del cual hicieron una especie de caja chica para impulsar delitos grandes.
Y lo que sucede es que la candidatura de la ultraizquierda, la de Sánchez y cómplices, carece absolutamente de equipos de gobierno, de gestión y administración pública y por eso, improvisa con fracasados y extrapartidarios, demostrando que la alianza ultraizquierdista Juntos por el Perú, no es una organización para servir, sino un pacto para esquilmar recursos de todos los peruanos.
El sombrerero no tiene estructura dirigencial en los grupos que son parte de su alianza electoral, los ha usado en su proyecto personal de reemplazar la identidad de Pedro Castillo, sacar votos, ocupar espacios y ejercer presión política para recibir contraprestaciones de diversa índole. Es cuestionable esa bajeza izquierdista, aunque a nadie le resulta extraño el comportamiento abusivo de los activistas marxistas que se mueren de vergüenza de decirse marxistas, socialistas o comunistas “por ahora”, hasta que se den las condiciones que les permitan sacar la garra sangrienta de la dictadura revolucionaria “del pueblo” (ya no dicen tampoco proletariado).
No ha necesitado convocar a nadie el hipócrita sombrerero, ya que quienes fueron pésimos ministros y pésimos funcionarios con Castillo, se ponen el mismo gorro de ignorancia y petulancia, siendo los mismos burócratas de la izquierda progre y neo caviar que se recicla para ser servil a sus bolsillos y clanes.
El Perú está avisado: no más monos con metralleta.
