Hay que ser demasiado egoísta e irresponsable para ensimismarse en la soberbia y obsesión de creerse que todo lo sabe uno, que todo lo merece él mismo, el nuevo dios de la verdad, el nuevo prócer de la Libertad y peor aún, por propia culpa e irresponsabilidad, repitiendo una y otra vez, la pataleta del que no sabe perder (por su culpa y odio) y genera en los demás, sensaciones de malestar, cólera y rechazo, como lo hizo desde que pensaba que las elecciones ya las tenía ganadas, pero en su reducida lógica, porque las encuestas lo presentaban liderando con el 8% apenas, quizás un 11% y subía céntimas y reducía céntimos, sin pasar jamás el 20% por ejemplo, una cifra por lo menos digna de decirse “va en la punta”.
Esa condición de “puntero” era inconsistente, insostenible en el tiempo. Sin embargo, otros candidatos miraban la realidad y callaban cualquier “síntoma de necesidad de estupidez”, clarísima escena vista por millones, donde don soberbio absorbía preguntas para crear insultos, recibía cuestionamientos y escupía respuestas. ¿Ese es un candidato presidencial con conciencia y aptitudes democráticas? No, no lo es.
Aquí en Minuto Digital discutimos mucho los escenarios y el del señor soberbio, era el peor, una crónica que iba en retroceso cuando no paró de atacar a diestra y siniestra, a menospreciar a los demás, a señalar como un juez sin capacidad de decisiones, que “sabía todo”…. mentiroso.
Nosotros lo sabíamos y creímos que era algo así como un episodio de inestabilidad que podía ser un efecto de la campaña presidencial, como una emoción que cegaba y llevaba a comportamientos temporales de cólera, hasta que la ira superó sus propios odios y comenzó la ciudadanía a ver un riesgo, un peligro, un error. Comenzamos a verlo así también -lamentablemente- y tratamos de no decirlo hasta ahora, que no se puede callar más.
La democracia no depende de un político inestable, la libertad no puede sujetarse a un posible dictador. Cuando se requiere unidad y compromiso, no falta un desleal con la ciudadanía, que solo se ve a sí mismo. El Perú debe cancelar a los que usan un proceso electoral para creerse emperadores del futuro.

