La izquierda que se publicita ahora como “opción presidencial” es una suma de políticos radicales encabezados en el partido Juntos por el Perú por Roberto Sánchez, del Partido Humanista fundado por Yehude Simon; César Barrera Bazán (a) “comandante Noel”, del Partido Comunista del Perú – facción denominada Patria Roja; Carmela Sifuentes, del Partido Comunista Peruano y la Confederación General de Trabajadores del Perú (otra escisión de grupos marxistas leninistas), César Tito Rojas, del Movadef (cuya base ideológica es el pensamiento “Gonzalo” o la ideología del Partido Comunista Sendero luminoso), Verónika Mendoza de Nuevo Perú (que fue candidata de Juntos por el Perú y quedó en sexto lugar y estuvo antes como cogobernante con Ollanta Humala y luego con Pedro Castillo a cambio de posiciones de gobierno); Antauro Humala del partido A.N.T.A.U.R.O. Alianza Nacional de Trabajadores, Agricultores, Universitarios, Reservistas y Obreros, declarado ilegal y disuelto por sentencia de la Corte Suprema de la República; y, otras agrupaciones menores o colectivos que son de la misma tendencia. Es un cóctel explosivo que podemos afirmar, se fundamenta en el marxismo leninismo, maoísmo y el pensamiento más extremista inspirado en Sendero luminoso, sí, en el pensamiento del odio y la muerte. ¿No se dan cuenta?
Una alianza marxista explosiva, peligrosa, que se ganó la oportunidad por una manipulación electoral innegable, que ya se predecía “y no se hizo unidad para enfrentarla antes de la adversidad”, se arma ahora con rostros más extremistas y violentos contra el Perú, con mayor plataforma de perdurabilidad rompiendo el orden existencial y la Constitución Política, desmantelando el Banco Central de Reserva y removiendo la dirección de las Fuerzas del orden (Policía Nacional, Ejército, Fuerza Aérea y Marina de Guerra), desacreditando instituciones y generando un panorama de “destruir para construir, otro perú” (con minúsculas, porque no quedará nada del verdadero Perú).
Felizmente, existen posibilidades de evitar el camino del mal y construir el rumbo del bien, pero depende mucho de las actitudes y aptitudes de todos los que nos preocupamos por lo que vienen sucediendo y por lo que va a ocurrir si nos quedamos en silencio y con ojos cerrados. El escenario de la derrota de la ultraizquierda se acerca cada vez más, si explicamos a nuestra familia, compañeros de trabajo, colegas y vecinos, al señor de la tienda y al joven del kiosko, al personal de la empresa y hasta en una conversación en el transporte público, que en nuestras voces está la fuerza para reducir y apagar a las izquierdas extremistas.
La tarea no es exclusividad de Keiko Fujimori y Fuerza Popular, es una responsabilidad nacional por la Libertad.
