Es inentendible que un político casi permanente (no le podemos decir profesional) se exprese con facilidad para demostrar su enorme ignorancia en los temas que pretende usar como plataforma de su propuesta partidaria, y que haga de esas expresiones, el discurso populista que engaña a los electores cuando lo entrevistan en algún medio de comunicación o simplemente, cuando lanza discursos de plazuela, como pretendiendo ser un nuevo “líder” del futuro estado plurinacional que sueña con instaurar… y no tiene ni idea de lo que significa eso y no tiene ni idea de sí mismo y su actuación deshonesta (aclarando, intelectualmente deshonesta).
Ante cualquier pregunta -a los rostros visibles de las izquierdas- sobre la Constitución Política del Perú, resulta escandaloso escuchar respuestas inconsistentes e insostenibles que parten del desconocimiento de lo que dicen que quieren cambiar o eliminar (es decir, la propia Constitución en su conjunto). Por ejemplo, de forma alocada gritan en las calles “nueva Constitución” y si se les pregunta que ofrecen o sugieren a cambio en la ley de leyes, se molestan, agreden, se tornan violentos. Esa es su respuesta, agresividad y odio, cero argumentos, cero ideas y ni una sola propuesta en economía, educación, salud, seguridad social, regionalización y trabajo, sólo para dar un marco referencial mínimo. No, lo que ellos, las izquierdas extremistas proclaman es el caos y la anarquía para que los ciudadanos confundan aspiraciones y anhelos, con intereses de parte y deseos de grupo.
Nuestra Constitución es un cimiento de sostenimiento (aunque parezca redundante el concepto). Sobre ella nos apoyamos e impulsamos para desarrollar la visión de país que queremos ir consolidando. Nuestra Constitución no es una guía o un mapa, tampoco un modelo de gobierno. Es el centro de nuestra estructura legal, que define derechos y deberes, delimita poderes y establece las fronteras de lo público y lo privado, la integridad nacional y la consistencia patriótica. Tan simple y hermoso: la Constitución es lo que debemos representar y defender.
Pero para las izquierdas del odio, es un muro a derribarse y reemplazarse por cualquier panfleto que contenga la ideología del odio, del resentimiento y de la igualdad hacia abajo, para privar derechos fundamentales.

