La izquierda, las izquierdas, no son transparentes jamás, nunca en la historia lo han sido porque no es su esencia el serlo sino todo lo contrario: “la revolución lleva en sus venas un discurso con el pueblo, un mensaje hacia las estructuras del poder, otro mensaje hacia la pequeña burguesía y su propia agenda de militancia y dirigencia en actividades de manipulación, que debe priorizar al partido, no a las masas equivocadas que siempre se someten al capitalismo”. Eso lo dicen en varios mensajes los referentes de las izquierdas y parece que ya se olvidaron los medios y los opinólogos, quiénes son y de dónde vienen los izquierdistas. ¿No lo saben?
Se los recuerdo porque el marxismo leninismo es la caverna del inicio, el maoísmo es la consecuencia del horror y el pensamiento Gonzalo es la síntesis del absurdo que, nombres parecidos o diversos, ha condenado al mundo a padecer de estancamientos primero, retrocesos después y al final, la instauración de “una nueva sociedad” que significa la dictadura del partido comunista, como ocurrió en Cuba, Nicaragua, Venezuela (para no ir tan lejos). Y sabiéndolo, lo volvemos a permitir en la práctica, porque grupos extremistas de la izquierda más ideologizada se han presentado en las elecciones usando la legalidad para destruirla e imponer su propia legitimidad.
Por eso, es de suma importancia señalar que el “nuevo plan de gobierno” de la ultraizquierda, es en realidad una amenaza de muerte al país, es una declaración de guerra, por su contenido (que lo siguen maquillando cuando no les queda frases parecidas para “cambiarlo” y suavizarlo). Insisten en una “asamblea constituyente” y en que ésta sea conformada por (a) un tercio de ciudadanos elegidos en proceso electoral (presentados por los partidos políticos) (b) un tercio designado para las organizaciones populares “identificadas” en su contexto de identidad y lucha (sindicatos, agremiaciones, comités vecinales, colectivos y ONG relacionadas) y (c) un tercio designado para las etnias y pueblos ancestrales. Es decir, la voluntad ciudadana se reduciría a un tercio del total nacional, porque el resto se digitaría hacia el interés del gobierno, como en Cuba, Nicaragua, Venezuela y como también ocurrió en Bolivia y Colombia, con los terribles resultados de caos, anarquía y locura política que se advirtieron. ¿Dónde dice eso? En cada una de las declaraciones de los que impulsan esa destrucción de la institucionalidad. No sean ingenuos otra vez, el papel es la trampita, el discurso es el engaño y lo oculto, es la horca. Eso es la izquierda.
Todo el contenido del “nuevo” plan de gobierno de las extremas izquierdas que se han juntado para gobernar si les permitimos tontamente, con un estúpido, ignorante y cobarde voto en blanco o viciado, es la amenaza más grande que en la historia estamos verificando. Es guerra o país, no hay nada al medio.
Entiendan amigos y no amigos: cuando la ingenuidad apasiona, se ve cualquier documento caviar o reunión de políticos marxistas abrazados como un algo pacífico y NO lo es, se trata de hipocresía en conjunto, de una cara pintada, del maquillaje, no del rostro sanguinario que ha costado millones de vidas en el mundo y en el Perú, de más de setenta mil muertos por el terrorismo de Sendero luminoso y el MRTA, que respaldan a Sánchez (como con el condenado Bermejo por terrorismo, ¿o no lo sabían?) y más de doscientos cincuenta mil peruanos con el genocida de Vizcarra ¿o no lo recuerdan?
La izquierda comunista está sobradita y vanidosa: en vez de engañar con una “hoja de ruta” la izquierda del odio presenta con orgullo su “declaración de guerra” contra el país. ¿No lo ven?

