Como en el Himno Nacional, largo tiempo el peruano sometido, la ominosa ideología arrastró al ciudadano de a pie hasta encerrarlo en el miedo por un lado, el aburrimiento en el otro y, finalmente someterlo desde ángulos y posiciones separadas, hasta la dejadez y la indiferencia, que son el combustible que engullen los políticos que no saben más que ambicionar el dinero público desde un cargo estatal, para aprovecharse de posiciones de poder.
Cada quien en su lado, cada quien a su manera, los “políticos” son el resumen de la ignorancia y la desfachatez, el núcleo de la perversidad y la intolerancia que se ha ido imponiendo desde la educación ¡tremenda paradoja! hasta escalar en el ámbito académico y gremial, destruyendo instituciones, desacreditando referentes, moviendo hilos de insidia y relatos que cambiaban la historia por una secuencia de irrealidades y falsos mitos, donde iban creando nuevos “héroes sociales” para opacar y hacer olvidar a los Héroes de la Patria. Por eso digo, perversidad de los políticos, en especial, los de las izquierdas del odio.
Un país sin alma, con el corazón herido, sus venas resecas por no nutrirse de los valores que la independizaron y la hicieron ser el centro de las esperanzas y el referente para los liderazgos; ese país maltratado y maltrecho ya se cansó, se rebeló ante la tormenta de la maldad y el veneno de la “no enseñanza” que inculcó por décadas lemas diciendo que no valemos nada, que somos unos sometidos, que estamos menos que menospreciados. El veneno de pobreza en el intelecto ahuyentó a miles e hizo sucumbir a millones. Sin embargo, otros no se amilanaron, al contrario, elevaron fortalezas y se prepararon en la lucha diaria, fortaleciendo su educación y nivel formativo.
De esa lucha, de esa capacidad de no agacharse, la Peruanidad se fue imponiendo a la indiferencia gestada por el odio de las izquierdas, provocando una rebelión en las clases medias, en los emprendedores y en los jóvenes que desde las redes sociales primero y en las calles luego, se unieron a una ciudadanía miedo, alzando fuerzas para sacar al miserable golpista y a sus secuaces del gobierno.
¿Saben una cosa? de envenenamiento político se puede vivir, haciendo daño. De contaminación ideológica se puede subsistir, matando valores. Pero el odio, se derrota con tenacidad y sensatez.
