La secuencia natural en una escuela doctrinaria es un hecho secuencial, pero en las izquierdas esa posibilidad no existe debido a sus propias taras y miedos, a una especie de necesidad de contradicción obligatoria que los hace odiarse a sí mismo y entre ellos. Es como el caso de quienes siendo marxistas leninistas o maoístas, tienen miedo ante sí mismo de decirse comunistas, socialistas, marxistas, maoístas. Más bien se envuelven en el fustán de sus nuevos ídolos, ya sea Fidel Castro para ser “castristas” y Hugo Chávez como “chavistas”, pero de allí a estos días, es imposible conocer “castristas” y no quedan casi “chavistas”, pero el veneno marxista sigue latiendo en el arma de guerra mental de los fanáticos de la violencia política.
El drama de las izquierdas va por el lado de las redes sociales y la participación independiente de los ciudadanos que “no siguen” a los mal llamados influenciadores o auto denominados líderes de opinión, que captan algún dinero por sus escándalos o formas de comunicarse de forma inusual y resentida, pero que no siembran ideas en los seguidores, en los oyentes o curiosos. Hay un rechazo inmediato a quienes aparentan tener millones de fans o seguidores, pero que en la realidad no interaccionan, no comentan ni hablan de lo que parece ser el público en sintonía (de nadie). Esos influenciadores de izquierda, de la boca para afuera, se están desmonetizando.
El drama de las izquierdas va por el lado de los sindicatos, donde ya no hay puños en alto con arengas de lucha auténtica y propuesta salarial, sino que se han revelado los acuerdos bajo la mesa, el cierre de negociaciones en que se deposita “un extra” a los dirigentes (dinero adicional). Es el drama de la traición hecha conocida como un favor más, en contra de la masa engañada que sigue pagando mes a mes su cuota sindical.
El drama de las izquierdas va por el lado de los colegios profesionales y algunos gremios de empresa que dejan de tener líderes y contratan voceros o eligen decanos, presidentes y gerentes de militancia oculta y activismo conocido hacia la izquierda desacreditada. Lo hacen porque no son como los líderes de antes, que eran líderes de siempre y para inspirar nuevas generaciones. No, desde un tiempo atrás, cualquier imbécil es “decano” o el rostro de un gremio decadente.
No queda nada positivo en lo que podría decirse ‘herederos de Alfonso Barrantes, Carlos Malpica o Javier Diez Canseco. Sólo hay panfletarios como Abimael y la Iparraguirre” y yo opino eso, porque si bien podemos decir que es necesaria una izquierda educada, formada, culta, inclusiva y popular, nada de eso que era un sueño o un ideal de antaño les queda. Hoy las izquierdas son el odio, la violencia política, el resentimiento puesto para herir y para matar la democracia y la Libertad.
A esas izquierdas repulsivas se les tiene que vencer.

