Ser divergente y tener tu propia opinión significa que serás atacado por operadores mediáticos de las izquierdas del odio, operadores en las redes que con sus “granjas de trolls” están al acecho si alguien capta la atención de ciudadanos que se identifican en un mismo plano moral y patriótico. Ser de derecha o conservador, hace que te califiquen de muchas formas y de distintos modos, pero no son palabras que hieren ni frases que destruyen una integridad, sino que se trata de balas de salva, creyendo sus pistoleros que llevan pólvora para aniquilar.
Las izquierdas del odio y los medios de comunicación activistas han organizado una plataforma de ataques en las redes sociales contra ciudadanos que expresan sus ideas divergentes, para acallarlos o hacerlos sentir que están equivocados, pero hay una sola cosa que no han calculado y es que los imbéciles no nos pueden ordenar a callar y tampoco a quedarnos quietos. Hay una derecha preparada, que habla y se expresa con fundamentos, que no se acobarda y se está multiplicando. Unos militan o simpatizan con partidos cercanos en muchas ideas y propuestas que sirven de indicadores de progreso y desarrollo, libre mercado y respeto a la propiedad privada; otros están en mirada y acción permanente desde las redes, en sus universidades y sindicatos, dando esa lucha frontal que nunca antes se pudo ver y hoy congrega a millones de jóvenes convencidos de que el odio de las izquierdas se tiene que acabar desmontando su discurso panfletario.
Ya nadie les quiere hacer caso, no movilizan, no atraen, no convence, son pura arenga y estupidez arrabalera en tiempos de extinción. El Perú tiene otro destino, fortalecido en la solidaridad y el sentimiento de fraternidad, de verdadera abolición del mal que contaminaba la política.
La mediocridad y la vulgaridad del comportamiento y discurso de las izquierdas del odio ya no tienen puerta de entrada, ni vías de escape. Las estamos enterrando, les vamos a poner una lápida eterna de castigo.
