Da asco mencionarlos o recordar sus nombres, es repugnante leer por alguna red social o en la portada de un medio amarillento como La República las vulgares afrentas a la Libertad y a la Democracia que lanzan todavía heridos y malolientes los restos del comunismo perdedor, los escombros del socialismo maquillado como una falsa careta progre a veces, caviar casi siempre. Y es que no les queda nada positivo para decir “hicimos algo y tuvimos presencia con ideas, con propuestas, con una agenda de gobierno”, porque nada ofrecieron al pueblo y nada explicaron al país, siendo panfleteros y agitadores de violencia y agresividad política permanente para así desacreditar el proceso electoral y someter al Perú a más caos y enfrentamiento, mientras ellos, los extremistas de las izquierdas trataban de incendiar las calles, ya que en las ánforas la ciudadanía los rechazó.
Las izquierdas del odio se hicieron de una secuencia de frustración permanente y desesperación constante, en virtud a su carencia de liderazgos, ausencia de dirigentes y falta de presencia popular. No movilizaron masas, sino engañados. Y en esa burda tarea, los nombres de los convocantes que pedían donaciones son los que se ponen siempre con su alcancía a recibir, pero desaparecen a la hora de las cuentas (porque son puro cuento).
Los grandes perdedores de las elecciones son los operadores mediáticos de la violencia y las izquierdas del odio empecinadas en hacer problemas cuando los resultados son claros.
Han sido derrotados los que no sienten patriotismo, han sido vencidos los que prefieren años de divisiones y décadas de cóleras. Son las hordas de la ira y las huestes del resentimiento que no se aplaca, al ser la envidia que los consume “su razón de no ser”.
Ni siquiera van a servir para el recuerdo los nombres de la larga lista de políticos que el Perú rechazó con el Voto ciudadano, para darle a una mujer de resistencia y tenacidad, la oportunidad de demostrar su valía.
Un país diferente se aproxima para alegría de millones de peruanos.
