La izquierda, las izquierdas del odio tienen muchos problemas que no pueden resolverlos de un proceso electoral al siguiente y es que en sus desviaciones ideológicas y posiciones mercantilistas -apetitos de poder y dinero- son ambiciosas en forma desmedida, envidiosas y resentidas entre ellas mismas al extremo de preferir la desaparición de sus camaradas, antes que verlos sentarse en la misma mesa de acuerdos y acciones políticas que nunca llegan a ejecutarse. La izquierda, las izquierdas cumplen con su modo de ser y subsistir, peleándose entre sí mismas una y otra vez, negándose frente al espejo de la realidad, inundada de una masa de ignorantes e incompetentes que, a pesar de todo, tienen cierto caudal o respaldo electoral decreciente, pero lo tienen y al estar tan divididas, los ciudadanos evidencian que solo son formaciones electoreras o grupos dispuestos a vivir del poder local, regional y si pueden infiltrarse, en la escena de gobierno nacional y por eso, al ser descubiertos por su práctica “lucrativa”, el rechazo hacia ellas es contundente pero “aún están” y ese asunto, es de obligatoria vigilancia democrática.
Veneno letal aparte -entre las propias izquierdas ofídicas-, tienen en la mira dos objetivos de fanatismo obsesivo: Keiko Fujimori y Rafel López Aliaga, cada uno en su propia dimensión y tiempo, siendo Keiko el premio mayor en cualquier momento y circunstancia. Por eso, el juego de las izquierdas en esta etapa que va de la juramentación como presidente hasta el inicio del gobierno de reconstrucción y reordenamiento nacional, los diversos grupos de las mini coaliciones marxistas van soltando fases de acomodo, hipocresía, engaño y traición, para ver si dan el salto estratégico hacia un liderazgo de oposición que no encuentra imagen, agenda, discurso ni liderazgo alguno hasta ahora, siendo que existe un espacio de oposición no sólo para la izquierda, sino para una nueva Derecha.
Es decir, las izquierdas no tienen líderes, dirigentes, figuras nacionales respetables que aglutinen una posibilidad de oposición con rostro y lenguaje honesto. Tampoco en el ámbito regional, tremendamente desacreditado por innumerables casos de corrupción a lo largo del tiempo. No hay cuadros de izquierda, sino “momentos en que se escuchan reacciones políticas que se evaporan y no generan voces de unidad y compromiso”. No pasan del grito de una marcha simbólica (que no es de masas convocadas, sino que ante el fracaso previsto, han inventado que los autoconvocados no lograron aglutinar a las bases… inexistentes).
En consecuencia ¿Qué planea la izquierda del odio para impedir que Keiko Fujimori logre un exitoso gobierno en el Perú? Atacar en varios frentes de militancia, en alianza con los medios activistas de comunicación. Por ejemplo, criticando y denunciando que la posibilidad de otorgamiento de facultades legislativas es un claro precedente de autoritarismo y represión. No importa el contenido de la normativa propuesta, sino el slogan, el cliché, las frases a repetirse desde los mismos rostros mediáticos y opinólogos de fantasías. Al Congreso, allí será más fácil -creen las izquierdas del odio- hacer la guerra de desprestigio y descalificación institucional, salvo que Fuerza Popular y su aliado en las Mesas Directivas hagan el gran proceso de ajuste en las Cámaras de Diputados y Senadores. Allí se requiere bajar la planilla en un 30% por lo menos en el primer año y seguir bajándola sucesivamente. Menos burocracia, menos incompetencia, menos presupuesto de dispendio, castigo ejemplar y sanciones muy fuertes a los congresistas corruptos y lo principal, cero viajes al exterior, cero. ¿Lo harán?
El frente de la violencia delincuencial, sumado al de la extracción ilegal y contaminante de minerales, sumado al de la impunidad con el narcotráfico y la urgente necesidad de limpiar los organismos de justicia y policía, son el complemento perfecto para atacar a diario y decir que “no se está haciendo nada”. Así que de los ministros que asuman (junto a viceministros y funcionarios de gobierno) depende el inicio de las decisiones y acciones, o el camino de cinco años de peleas, acusaciones, encubrimientos y… más de los mismo, pero peor.
Hay que tener en cuenta que inundar calles y plazas con motivos populistas y discursos de protesta no es por el momento el mejor escenario para la dispersa oposición que todavía no se presenta en público, dándole espacio a las izquierdas del odio para asumir ese rol; entonces ¿adónde apunta hoy la subversión marxista que quiere ser “la” oposición de escándalos y pechamientos vulgares? A tener en el Congreso la mejor herramienta de caos y de anarquía, si es que el gobierno lo permite y sumar a ello, dos grandes problemas: delincuencia y “abandono” de las regiones.
¿Qué creemos nosotros? Que existe una gran oportunidad de prevenir estos escenarios y que la presidente sabrá conducir al país en un rumbo cada vez más seguro, ordenado, disciplinado y justo.

