Más de un millón quinientos mil personas se encuentran en las planillas de los ministerios, empresas estatales, organismos públicos, gobiernos regionales, las municipalidades y otras decenas sino cientos de entidades que dependen de nuestros impuestos para seguir parasitando y yendo en contra de nuestras libertades cada día, imponiéndonos arbitrios, impuestos, tasas, pagos y un sinfín de presiones económicas que deben ser reducidas, cuando no eliminadas. De ese millón quinientos mil, evidentemente debe haber no menos de doscientos mil buenos trabajadores, ya sean técnicos o profesionales -sobre todo jóvenes – que podrían migrar al sector privado rápidamente y debe haber también un marco de cincuenta a cien mil con larga trayectoria, buen desempeño a lo largo del tiempo y con probada experiencia que no se puede perder de un día al otro.
Ese margen de lo que podemos llamar “el talento y la capacidad” tiene que entrenar y ayudar al desarrollo de habilidades de los que los van a reemplazar en períodos adecuados de recambio y un programa de incentivos o capital semilla bajo indicadores de inicio, progreso, desarrollo y consolidación de sus emprendimientos. No se trata de dar dinero y abandonarlos, sino invertir capital semilla, asesorarlos y proveerlos de soporte jurídico en el tiempo, orden contable para su formalización tributaria y respaldo para conquistar mercados en todo ámbito.
En un estudio del Instituto del Ahorro, se desglosa el inmenso mapa de puestos, cargos, sueldos y privilegios irregulares -opinamos que más que irregulares, son ilegales- que nos cuestan decenas de miles de millones de soles y no rinden ni un solo beneficio al Perú y a los peruanos que los mantenemos, parece, indefinidamente.
No solo son sueldos, gratificaciones, vacaciones, CTS, “bonos”, subvenciones, gastos en ropa y alimentos, pasajes y muchos otros conceptos que es injustificable mantenerlos más, sino que se debe sumar millones de soles en oficinas, mantenimiento, vehículos, mobiliario, alquileres (por más de mil millones de soles al año) de toda la red pública que no rinde resultados y se vuelve un inmenso derroche de dinero irrecuperable.
En la otra vereda, la de los ciudadanos expoliados, el malestar es notorio: pagamos a más de un millón y medio de empleados para que nos den órdenes, para que invadan nuestra privacidad, para que inventen procesos y procedimientos abusivos que justifiquen su existencia y nuestra inexistencia progresiva.
El desborde del Estado es inmenso. Por cada treinta ciudadanos tenemos un “comisario estatal” que nos acecha de día y de noche, miles de normas legales que no tenemos derecho a desconocer porque “nadie es ignorante ante la Ley”, salvo los que la evaden “legalmente” desde el estado, porque ellos son los que deciden a quien perseguir y sancionar, a quien extorsionar y “ajustar”.
Las cadenas de la esclavitud son ahora, los pagos de los impuestos cuando éstos no son dirigidos a financiar lo que necesitamos los peruanos con urgencia, sea seguridad integral, salud, mejor educación, fuerzas armadas con superioridad tecnológica, servicios públicos eficientes y aquello que sea bueno y sostenible en el tiempo, para nuestra tranquilidad. Las cadenas de la esclavitud fiscal o tributaria son más extensas porque disparan balas de todo calibre desde cientos de municipalidades con arbitrios para serenazgo, parques y alumbrado, y no tenemos protección mínima en nada, ni áreas verdes limpias para nuestro esparcimiento, ni calles iluminadas.
Lo que pagamos es para perder, y perdemos para morir. Nadie recibe ni siquiera un Estado de Cuenta tributario anual donde nos detallen el destino de nuestros impuestos. ¿Por qué no lo hacen? ¿Porque no lo pedimos?
Hoy que por fin tenemos un gobierno de derecha y orden, es el momento de reivindicar el destino de nuestros impuestos, tributos, arbitrios, tasas o como se llame al expolio, cambiando ese inútil e inconsecuente gasto de planillas, placeres, vestidos, pasajes y lujos, con beneficios directos, informados, inmediatos y seguros.
Creemos, queremos y exigimos que por cada sol que entreguemos, se sienta que nos devuelven miles soles de servicios óptimos y respeto incalculable. Ese es nuestro mensaje de hoy y mañana, si queremos vivir y no sufrir para sobrevivir, queremos contraprestación efectiva.

