Si algo no dejaba de ser tan evidente, es la conformación de las representaciones que los ciudadanos ven en los medios -como rostros de las izquierdas- que van de las extremistas o radicales en el partido “comunista” Juntos por el Perú (que es una alianza explosiva marxista leninista con maoístas) pasando por el grupo socialista que ha unido en la teoría y la práctica a socialistas y herederos del MRTA y Sendero luminoso con policías y militares que supuestamente lucharon contra los subversivos (y nos preguntamos ¿lucharon o los protegieron? y nos asusta la respuesta) sobre qué es Ahora Nación, qué es eso que se hace llamar partido del “buen gobierno” y qué resulta siendo en realidad esa formación mercantilista del señor Belmont que se contradice con su propio nombre y dueño al denominarse “obras”.
El sancochado no es nutritivo, es una mezcla perniciosa de malos elementos y malas formaciones que a su vez, son producto de otras formaciones más pequeñas que en su afán de presencia política sembraron alianzas que se contradicen en su esencia y proyección. Son cartuchos que mezclan anfo y dinamita, TNT y bombas que van diseminando contra la frágil democracia que merece rehabilitarse y no consigue auspiciadores valientes.
La democracia débil, sigue debilitándose en momentos que se pierde tiempo en dilaciones y vacilaciones.
El Perú requiere de acciones y decisiones enérgicas, ejemplares, constitucionalmente inobjetables como debe ser el ejercicio de la represión legal y sin tener miedo de hacerla evidente. Se trata de defender nuestros derechos humanos fundamentales y no pasar de demócratas tolerantes a tontos permanentes. ¿Por qué no se usan todas las herramientas legales en defensa de la sociedad y los ciudadanos y se mantiene una tonta e inexplicable tolerancia con los intolerantes que quieren exterminar lo poco de institucionalidad que nos queda?
Estamos viendo que en menos de dos semanas ya han salido los “currículums” de los izquierdistas violentos que han salido elegidos Diputados y Senadores: agresores de mujeres, fanáticos y extremistas, oportunistas, ladrones y mentirosos, visitadoras y cogoteros, una peligrosa horda “revolucionaria”. Y como ocurre siempre -desde hace más de tres décadas- los medios de comunicación activistas son los promotores de las izquierdas agresivas y sus rostros nada amigables, es decir, los descritos. Entonces ¿nos quedaremos quietos, no reaccionaremos?
Nuestro consejo: acciones y decisiones radicales, represión y nuevo orden para el respeto a la legalidad.
