Es importante discrepar, es necesario no estar de acuerdo en todo lo que se nos dice porque de lo contario viviríamos en una dictadura o sometidos al imperio pernicioso de la maldad extremista, esa que vestida de marxismo y envuelta en una sábana blanca, dispara por la espalda y degolla de costado, mientras se sienta en nuestra mesa “a dialogar” con la pistola escondida y la hipocresía a sonrisa extendida. ¿Les creemos, podemos ser tan imbéciles que damos un espacio de bondad al que nos quiere matar? Pues eso está ocurriendo cada día que pasa en nuestra maltratada nación -maltratada, herida, humillada y desangrada por las izquierdas del odio que se ponen mantos de santidad- y por otro lado, avanzan sobre su derrota y nosotros, miramos sobre nuestra victoria estrecha. ¿No aprendemos de la historia, no recordamos lo que nos han hecho las izquierdas subversivas durante décadas de asesinatos y terrorismo mientras desde el Congreso legitimaban sus acciones con excusas o con leyes que intentaban legalizar masacres de campesinos, torturas a secuestrados, extorsiones a comerciantes y ajusticiamientos a autoridades o empresarios? ¿No promovieron acaso “amnistías” a las hordas de Sendero y el MRTA? ¿No tenemos Memoria para estos hechos y “respetamos” la memoria de los defensores del terrorismo?
El Perú no puede estar entre secuestrado por los extorsionadores de la política (las izquierdas del odio) y gentil con conversaciones que a nada bueno apuntan (con las izquierdas del odio). Ellos, los resentidos, los ignorantes “pulseadores” de las izquierdas van con agenda específica de caos y desnaturalización de las instituciones para desacreditarlas más, para que la gente consuma un odio insensato contra lo que sustente y sostenga el sistema democrático y los valores de la Libertad, pero les dejamos matar a la democracia y repudiar la Libertad. ¿No se dan cuenta?
Que fanáticas del marxismo leninismo, que activistas confesas y convictas de la violencia comunista estén en la presidencia de comisiones de la Cámara de Diputados es una entrega de espacios que no se deben regalar “a cambio de votos para otras presidencias”. Eso es absurdo. Si se gana, bien ganado y si no se logran objetivos, hay que seguir peleando duro, desacreditando a los destructores del orden constitucional con argumentos y no llegando al extremo de “negociar, hipotecando posiciones de poder y de presión”. ¿Faltan votos? ¿Y? Se sigue peleando y se demuestra las diferencias para establecer la deferencia. Ninguna lucha termina claudicando.
Se ha cometido un gravísimo error al votar por la ignorancia y la estupidez, por fanáticas del desorden y el caos que no podemos permitir que lo impulsen desde las presidencias de comisiones congresales.
Si se claudica desde el principio, se pierde el sentido de la realidad frente a las amenazas evidentes que se van transformando cada día en murallas de negociaciones absurdas que hay que romperlas, nunca rendirse.
Está demás decir “van a ver”, porque ya lo están viendo, con los ojos cerrados y algunos, de rodillas.
