Por un pasillo de las innumerables oficinas del Congreso de la República circula como de paseo en domingo una asesora comunista, que fue pareja sentimental y socia de uno de los criminales terroristas más sanguinarios de la historia del Perú. Se trata de una mujer agresiva, prepotente y mala, que llegó a ser ministra de Estado y usó las posiciones privilegiadas de su cargo para favorecer aún más, la destrucción de las instituciones públicas que ella gestionaba mal, para que no funcionen, para que sean mal vistas, para que la gente las condene, como fue que condenaron a cadena perpetua a su compañero de armas y desenfrenos subversivos.
Esta privilegiada -decimos- de la ignorancia que la eligió para ese puesto inmerecido, se pasea día tras día por los pasillos congresales como dueña del jardín del edén socialista, sin hacer nada bueno, como columpiándose entre su natural ociosidad y su perverso discurso lleno de violencia contra la democracia y las libertades que los ciudadanos conservamos todavía, a pesar del MRTA que tanto defendió, a pesar de Sendero luminoso que tanto defendió y pidió se les amnistiara, usando aquella frase asquerosa de “conflicto armado interno”.
Y como “esa comunista” hay varias más y varios comunistas más, perdiendo tiempo, haciéndolo perder, usando espacios estatales para destruir al propio Estado y reemplazarlo por uno al estilo Cuba o Nicaragua, o tal vez, al estilo que les gusta más, el de Corea del Norte o el de Pol Pot, con millones de asesinados por el partido de la muerte, el partido comunista peruano “sendero luminoso”, “estrella roja”, “bandera roja”, “patria roja”, “juntos por el Perú” o como quieran ponerse de nombre o marca electoral, siendo lo mismo -en nuestra opinión-.
Han llegado de esos y esas al Congreso un número vergonzoso de Diputados y Senadores que no saben nada de nada, que son nada de nada, pero que hacen daño a cada rato, tratando de inundar el debate con una narrativa cargada de envidias, mentiras y violencia inadmisibles. La reducidísima capacidad de Senadores y Diputados de la izquierda -es decir, la enorme incapacidad de cada uno de ellos y ellas- se muestra así como bandera de orgullo, siendo despojo de vergüenza, porque el daño, la mentira, la violencia que ejercen en actos y palabras, no pueden ser ejemplo de nada positivo y hay que denunciarlo a diario, señalarlos y confrontarlos con la verdad. Y es que la izquierda no ha propuesto nada positivo en beneficio del país y nos preguntamos: ¿qué hacen los odiadores?
El Perú tiene que actuar con fuerza e insistencia para sacar del Congreso y de cualquier cargo público, electo o nominado, a los que están para destruir, a los que se meten para destruir la democracia y la libertad.
La democracia no puede perjudicarse o debilitarse más por las acciones y decisiones de los piratas de la Libertad.
