Si se le pregunta a cualquier ciudadano medianamente instruido ¿cómo creed usted que se financian y pagan las campañas electorales millonarias que hacen las izquierdas en Colombia, Bolivia, Chile, Ecuador, Argentina, Brasil y muchos otros países de Latinoamérica, la respuesta inmediata es “mediante el delito”. E insistimos: ¿y qué delito es el que les da mayor bolsillo de gastos sin supervisión de los organismos electorales? El lavado de activos es la principal fuente de recursos ilícitos y de la mano, todo aquello que provenga de la ilegalidad, como la extorsión, el sicariato, contrabando, pesca negra en favor de las mafias chinas -el dragón rojo de Beijing-, extracción ilegal de minerales (mal llamada minería informal), el transporte en sus redes de exclusividad (la sanguinaria pelea por las rutas y el dominio de las unidades de cada empresa que obtiene el monopolio municipal o estatal), el “gota a gota” y así, decenas de crímenes que para los congresistas y los académicos de las izquierdas, son defendibles y hay que defenderlos diciendo que “existen esos criminales, porque la sociedad les ha dado la espalda y hay que comprender que su reinserción social exige condenas menores, castigos cortos y una subvención del Estado para que no vuelvan a delinquir”. Esto es prácticamente textual; así dicen en Colombia, así razonan en Perú, así debaten en Chile, así condicionan en Argentina, pero gracias a Dios, hay una fuerza de Derecha que les enfrenta, donde se encuentren, donde griten, donde lloren y se victimicen las izquierdas que se tapan el apellido comunista y ahora se llaman “primero el pueblo”, “somos la gente”, “juntos contigo” o cualquier otra pantalla de supuesta moderación, pero son el mismo cartucho de dinamita envenenado, listo para lanzarlo contra los niños, las madres embarazadas, campesinos, trabajadores del día a día… contra los que ellos odian.
No se cansan de mirar a otro lado -cada día- para desviar la atención sobre la forma criminal en que se organiza la izquierda en Latinoamérica para usar el poder político con miras a permanecer en el control estatal para robar, matar y aniquilar las Libertades. Frente a ello, los ciudadanos han despertado, se están levantando, hablan fuerte para responder a los asesinos de la Libertad y sobre todo, para rehabilitar la justicia y la democracia, que ahora siguen maniatadas por leyes que permiten el crimen que auspicia y defiende la izquierda. Por eso, a cada nueva norma que se impulsa contra las que legitiman la violencia marxista, el crimen comunista, salen a denunciarlas en eso que se llama CIDH, la mesa de partes de los que urden la anarquía.
La mayor fuente de criminalidad “legitimada y legalizada” es el comunismo, el marxismo leninismo y eso, hay que exterminarlo con las armas y la fuerza de la razón, no con las balas y bombas de los que nos atacan, porque no somos iguales a ellos, somos millones de hombres y mujeres libres, enfrentando a hordas de violencia que se amparan en los medios activistas de comunicación, en periodistas militantes del odio. Nuestra reacción no debe ser de una mirada temporal, de minutos pasajeros, de advertencia y silencio; no, otra vez no repitamos la inacción, porque la respuesta debe ser permanente, constante, valiente y segura, sostenible en el tiempo, como nuestra Familia, nuestra vida, nuestra nación.
La ciudadanía piensa con justicia y razonabilidad -en nuestra opinión-, que la izquierda “electoral”, izquierda del odio, fue subvencionada por la alianza extremista de medios, narcos, sicarios y convictos violentistas (terroristas, subversivos, apologistas de matanzas y destrucción) porque inclusive procesados e investigados han llegado a posiciones en el congreso y desde allí usan la democracia para destruirla.
El Perú, Latinoamérica en su conjunto, no deben seguir permitiendo la amenaza de las izquierdas. Acción ahora.
