En el mundo existen variedades de formas de pensar, de ver los hechos y darles una interpretación, de ser una opinión diferente que marca la diferencia y en todo ello, los ciudadanos expresan sus posiciones sobre todo en las redes sociales, que han reemplazado sobremanera a los tradicionales medios de comunicación, sometidos al juego pernicioso de ganar dinero vendiéndose por unas monedas que hunden sus principios y valores.
Medios sin virtudes que son aliados de partidos sin ideas ni propuestas, que van de la mano de la criminalidad y de los extremismos, porque de ellos también viven alentando su “legitimidad”. No es el mundo al revés, es ahora la política nueva, la de los afanes de guerra, ira y violencia, la que quiere destruir al que consideran adversario y lo catalogan como “enemigo”, pudiendo haber sido su propio amigo o colega. La frase “nadie sabe para quien está trabajando”, cobra singular autenticidad en estos tiempos de traición.
La antigua obsesión por la revolución es ahora un grito olvidado, la lucha de clases ya no se enseña como uno de los fundamentos del camino de la guerra popular del campo a la ciudad. Hoy se trata de dinero, descrédito y una fenomenal conducta traicionera lo que mueve a los dueños de los partidos de las izquierdas en el Perú.
Y es que realmente no existe una izquierda que dé ejemplo, que sepa conducirse, que sea fuente de militancia y formación política permanente, porque se vuelven conglomerados de parásitos y fantoches, vulgares ofensores y desacreditadas “carreras como excandidatos”. Miremos a cualquiera de los perdedores de las últimas elecciones presidenciales, vergonzosos candidatos, vergonzosas listas, repudiables ofertas electorales.
Una mezcla desertores permanentes, extremistas, caviares expertos en transfuguismo, renegados y conversos al odio, apologistas del partido comunista Sendero luminoso y de los sanguinarios del MRTA, “combatientes” que justificaron matanzas de decenas de miles de peruanos. Esa es la izquierda, impresentables, odiadores.
Y también, se llenan de dinero que no viene solo de sus abultados salarios en el Estado que nunca abandonan, se atrincheran en puestos donde nunca trabajan, usurpan poderes y cargos públicos, sino, se victimizan para que de los impuestos, reciban privilegios por acciones contra las fuerzas del orden, por ejemplo.
Esa es la izquierda, en términos elegantes, lo peor haciendo de lo peor.

