Nadie tiene el rostro de una izquierda que podría ser el equilibrio constante con un gobierno democrático, como nadie tiene el rostro de una derecha que podría ser el referente secuencial para un gobierno democrático. Y en medio de ello estamos los peruanos, pero no con posiciones de centro, sino con sentimientos de querer hacer algo más en beneficio del país, para recuperarlo en su dignidad de dirigentes, porque los que tuvimos, han sido lo peor que el voto pudo entregar, lo peor que los electores pudieron elegir.
Por eso, nos encontramos en momentos de espectadores permanentes, viendo con pena espectáculos de agresividad e ignorancia, vanidad y petulancia, cuando un señor Sánchez habla como salido de una reyerta, atacando con insultos, casi “ordenando” a gobernantes y ciudadanos que sus estupideces -las de él- lleguen a ser leyes. Ese tipo de políticos pudieron haber estado gobernando y no medimos el impacto que nos hubieran ocasionado, simplemente porque perdieron y suponemos que se acabó la amenaza.
¡Cuidado! ese Sánchez sólo fue el maniquí de otros ignorantes que lo encapsularon en un discurso violento, en maquillaje de campesino o pueblerino de provincias, siendo todo lo contrario. Las masas, al verlo con el disfraz que usaba otro vocero simbólico del resentimiento y la ira, creía que se trataba de un vengador que rescataría al profesor. ¿De qué se trató ese show de un nuevo reivindicador? De más de los mismo, es decir, una izquierda que no se reconoce negacionista y es culpable de los años de violencia política y terrorismo comunista, el sendero de donde provienen.
Ese señor Sánchez es como ese tal Cerrón o la Mendoza, como sus mastines partidarios Bermejo, Zunini, Luque y algunos de menor impacto por su menor capacidad, casi insignificante en temas nacionales. Y, cómo no olvidar a los muertos totales: la Bazán, la Susel, el tal Lezcano, el patético Arce, Puka y varios cadáveres de fétido paso por la política, hoy todos enterrados, así quieran volver a ser candidatos para alcaldes o regidores, vaya candidatos.
Y de los que están “ahurita” buscamos por todos lados y no les encontramos nada bueno en favor de los pobres, en defensa de la soberanía nacional, el ahorro de las personas, el sentido de pertenencia y esperanza que tanta falta hace en una nación pateada y estrujada por miserables gobiernos como el de Humala y su cómplice, como el de PPK y su cómplice Vizcarra, ni uno elegido para nada nuevamente.
Como pueden comprobar, en el Perú no existe la izquierda, sino una red de marxistas leninistas y maoístas que añoran volver a cantar la Internacional, gritar eso de la guerra popular del campo a la ciudad y su clásica lucha de clases que no es otra cosa que el odio que las lleva a querer destruir al Perú.

