La realidad política es muy enredada si la observamos como una suma de hechos y circunstancias que se van agrupando para no formar nada positivo, algo así como madejas de hilos envenenados que construyen capas de un impermeable forro de maldades, perversidad, enajenaciones y distracciones dispuestas a confundir a la gente para que se ahuyente -ella misma- de ese concepto tan alejado de lo que debería ser la “política”. Y es que pasa el tiempo y la definición de política no es lo que era, ni deja de ser lo que nunca fue, para haberse transformado en lo peor que le puede pasar a la sociedad. La política resume la negación de la Libertad, la destrucción de los valores de la Democracia y se ha transformado en el juego de cárteles obsesionados por controlar el poder en todas sus manifestaciones (gobierno central, parlamento, medios de comunicación, justicia y fuerzas armadas).
Alguien podría añadir en ese juego de compras institucionales a la policía, pero en verdad, la policía es una parte operativa, un apéndice de los cárteles diversos que inundan la sociedad en su conjunto. Vemos por ejemplo a los cárteles de la extracción ilegal de recursos mineros, los cárteles del contrabando transfronterizo, los cárteles del transporte de pasajeros (urbano e interprovincial) y del transporte de cargas (que someten a los productores), cárteles de la pesca negra que alimenta las bodegas de la flota china que depreda el Mar de Grau, cárteles de la seguridad privada irregular que irrumpen penetrando en el espacio de grandes empresas (a fin de ocultar las adquisiciones de armamento y blanquear requisitoriados, que se dirige a las bandas de extorsión o guerra de cárteles por sectores de dominio económico, cárteles de la tala ilegal que operan con el tráfico de especies protegidas, cárteles de iglesias sin religión (auténticas super lavanderías de activos) y así, se han reproducido y especializado en sus acciones más cárteles que no se pelean sectorialmente, sino que aspiran a encontrarse en el dominio de una municipalidad, de un gobierno regional, un partido con bancada en el Congreso y quizás muy pronto, el control político nacional.
Inundan, se esparcen, penetran, se infiltran, van ocupando posiciones y toman decisiones hasta hacer la cadena de mando que tanto anhelan para legislar a su favor y darse legitimidad ante la ciudadanía. Se trabaja para ser intocables, para humillar a la justicia y crear imágenes de nueva “institucionalidad” y en ese juego delictivo, las izquierdas del odio se activan como operadores efectivos (a cuenta de gastos de campaña y otras subvenciones que van siendo como una renta de supervivencia de las organizaciones políticas).
Esto ocurre, todos lo saben, nadie lo detiene ¿por qué? Es que el costo de exterminar el crimen en el Perú pasa por rehabilitar la política y esa tarea, nadie quiere asumirla hasta ahora. Esa es la dura realidad y no se trata de echar culpas, sino de buscar justicieros para acabar con el mal de cada día.
Los partidos políticos -como hace muchos años se conocían- ¿renacerán de su ocultamiento, con propuestas, ideas y liderazgos que convoquen? Difícil respuesta. Provocadora respuesta, Necesaria respuesta,
