No existe ni un solo partido político institucionalizado en la izquierda o el centro de la hipocresía que, habiendo participado en las elecciones presidenciales tenga una estructura dirigencial mínima, organización territorial que se extienda en todo el país y soporte doctrinario o quizás ideológico para sustentar sus gritos como “izquierda” que pretende ser alternativa nacional de gobierno popular, porque las formaciones de los marxistas leninistas y sus aliados progres, caviares, socialistas, comunistas, de los herederos de Sendero luminoso y el MRTA, se están cubriendo de arrebatos, poses y disfuerzos, atacando todo lo que signifique mejoras o trabajos de encuentro y unidad ciudadana. Las izquierdas, las que son del odio, sobreviven de esta forma para incendiar y secuestrar la verdad, convirtiéndola en una arenga de populismo, un eructo de demagogia.
A las izquierdas no les quedan espacios de vergüenza, son una mezcla perversa de odios que se reproducen con las palabras revancha y venganza contra un país que no los sigue y los rechaza cada vez más, un Perú que ya los conoce en sus explosiones con coches bomba, bloqueos violentos de carreteras, incendios de locales públicos y privados, victimización de sus propias “víctimas manipuladas por fanatismo militante” y por supuesto, izquierdas que son portadas y contenidos -narrativas- en medios activistas del odio, medios que cubren a la subversión y a la delincuencia que se protege desde el propio Congreso de la República, en nuestra opinión, pretendiendo leyes que “legitimen” el crimen, como fruto de las diferencias sociales, por absurdo que parezca.
El protagonismo en base al odio es la actitud de revancha y venganza contra el país, que cada día se escucha, lee y observa en la infectada e infiltrada Cámara de Diputados, donde se demuestra que no debió volverse a tener una mancha de incompetentes e ignorantes pugnando por inventar leyes insustentables, inaceptables y dañinas, que solo se dirigen a destruir los esfuerzos empresariales privados de progreso y desarrollo del Perú, por citar un solo ejemplo de lo que envidian los comunistas: el trabajo honesto, la sensatez, la tenacidad y el amor patrio.
Qué diferente sería el país si en vez “de esos y esas” comunistas, progres y caviares, privatizáramos la Cámara de Diputados y seleccionásemos peruanos bien formados, peruanos líderes en sus profesiones y talentos, peruanos que nunca pisaron juzgados ni cárceles como acusados o sentenciados. Las leyes no deben estar en manos de la negación de la justicia y la libertad, en la decisión de los asesinos de la Democracia.
