Estamos en medio de discusiones que confunden o generan decisiones de alto riesgo, se trata de las pensiones, del futuro de cada una de las personas. Y en medio de todo esto, la pandemia.
Pero, no hay que dejar de lado algo que viene ocurriendo, que también existe una realidad que es fruto del resultado de la mala gestión del gobierno y se trata de la evidencia que las personas necesitan dinero para muchas necesidades actuales, debido a que perdieron sus empleos, reciben sueldos bajos, tienen gastos que los agobian o deudas que deben de pagar.
“Necesito dinero”… ese es el grito de miles de peruanos y frente a ello, los creativos políticos peruanos le dicen a la gente que ese dinero, que esa solución está en los ahorros acumulados para las pensiones de jubilación que se encuentran depositados en las AFP y no mencionan en ningún momento a la ONP, hasta que algún populista o candidato, cree que allí también puede vender cebo de culebra.
Entonces se trata de un alivio temporal para una parte reducida de la población adulta y se trata de un camino probable hacia la pobreza final, porque si bien podría ser una solución al problema de finanzas temporales de muchas personas, nada garantiza que esa decisión conduzca a la estabilidad de las familias a lo largo del tiempo. El gobierno se lava las manos en sus responsabilidades y patea el tablero hacia los ahorros de los trabajadores, para que financien la incompetencia del poder político, eso es un crimen.
Una clara opción para no arriesgar todo el ahorro, en estas circunstancias extremas de crisis económica y crisis sanitaria podría ser el disponer de un 25 y hasta 50 por ciento del fondo si uno se jubila, sea a los 65 años o en el régimen especial por desempleo, pero teniendo asegurando con el resto -el remanente- una pensión equivalente a una remuneración mínima vital y conservando todas las coberturas legales. Pero esa amplitud no puede ir hacia edades de menor rango, porque se arriesga el futuro inmediato y en ese sentido, el Estado debe cubrir, tiene que ejercer la protección financiera para no afectar el ahorro personal.
Por eso resulta importante explicar el panorama de cada persona. Es preciso entender que un país sin pensiones es como un auto sin llantas, no camina ni a empujones.
Las personas vamos extendiendo nuestro ciclo de vida, la vejez se hace más larga y las necesidades se triplican. El Perú carece de infraestructura para la longevidad y allí reside un gran problema en la jubilación, que ahora se hace exponencial.
No es sólo requerimientos de salud, sino de vida en general. Eso no lo ven los políticos, porque ellos viven del voto masivo y de su silencio en el Congreso y desde el gobierno central.
Las leyes sobre pensiones y jubilaciones están desfasadas, son contrarias a la realidad, no ayudan a generar un marco de oportunidades ni de protección social.
Los fondos de pensiones privados –en las AFP- representan un importante impulso al desarrollo del país y dejar de lado una quinta parte, por ejemplo, produce un efecto inverso en el progreso, eso no lo dicen los promotores del ataque al sistema privado de pensiones y además, no comprenden el gran problema que significa la ONP con más de 100 mil millones de soles en déficit, más de ciento veintiocho mil juicios previsionales y decenas de miles de ancianos sin pensiones a pesar de haber pagado 10, 15, 20 años o más.
Romper lo que funciona, en vez de mejorarlo, es un lento suicidio o un crimen permitido.
Un país con más ancianos, todos con pensiones –por pequeñas, medianas o grandes que sea- es un país que adquiere solidez progresiva, pero esas pensiones deben ser fruto de la construcción de un ahorro personal. Eso no se puede perder, propiedad previsional personal para todos, privativa de unos pocos no.