La hipocresía es una característica inherente a los políticos en todo momento, porque significa combustible en ebullición para el daño en proyección. ¿Quieres decir que los políticos no buscan servir sino servirse y a la vez, tienen en mente sobrepasar la confianza ciudadana para atropellar derechos, oportunidades, ilusiones, sueños y esperanzas? Efectivamente ¿nunca lo notaste iluso votante de campañas de engaño y promesas de falsedad? A cada candidato -salvo dos o tres excepciones- NO se le ha notado sincero, íntegro, transparente, con voluntad para estar comunicándose con las personas, informando, explicando, haciendo docencia de sensatez y tenacidad. Ese es el gran mal de nuestros tiempos: nos tratan como al despojo que quieren aplastar, pero ponen una sonrisa y un lema de campaña que es la fuente de todo el engaño. ¿Lo ven? se llama hipocresía y uno de sus sinónimos es “la política” (y no se trata de la política actual porque lo de ahora es lo que viene de siempre).
Este mal, esta perversidad, no es privilegio de los más grandes (en cuanto a organización o despliegue), sino que es un ADN que nace en los más pequeños para que lo cultiven en el tiempo. Se hacen de la hipocresía como un ritmo de habla, vida, actitudes, molestias y crímenes contra la sociedad. Así nacen los que atraen opinión pública y son estimulados desde los ventiladores de la manipulación, es decir, los medios de comunicación que, en unión a ese rostro de las cifras cambiantes que carecen de sustento -las encuestadoras-, sirven a grupos de presión y de poder a cambio de inmensas retribuciones ¿o no es así?
La inmensa hipocresía no es un juego de palabras, es un libreto que se alquila y se repite a diario (en la inmensa red de medios + encuestadoras + grupos de presión) y hace que despeguen por saltos los que más han gritado en la pequeñez de su vanidad, en la miseria de su soberbia. Por eso, ya perdieron y no se extinguirá, sino que se pasan a la “licuadora de la nueva mezcla” que significa cambiar de colores, de ubicaciones, de amigos y aliados, para “renacer” políticamente. Eso se llama transfuguismo ¿se van dando cuenta?
¿Cómo identificaríamos en esa mancha de miles de candidatos para cualquier cargo, en estas elecciones y en las siguientes, a quienes sean la diferencia, en sentido positivo? ¿Algún candidato presidencial tiene la grandeza de atreverse a hablar como lo haría consigo mismo, con sus padres, con sus hijos? Hazte la pregunta, yo ya la hice y por ello sé a quién darle mi Voto.
