La crisis venezolana no puede analizarse de manera aislada ni exclusivamente como un fenómeno interno. Desde hace más de dos décadas, el régimen venezolano ha incorporado prácticas, estructuras y doctrinas represivas desarrolladas e implantadas en la patria de Bolívar por el régimen cubano, configurando un modelo de control social y persecución política que ha tenido consecuencias devastadoras para los derechos humanos en el país.
La influencia de Cuba en Venezuela ha ido mucho más allá de la cooperación ideológica. A través de acuerdos opacos de intercambio, que incluyen el suministro de petróleo a cambio de servicios médicos mediante trabajo forzoso, asesoría en inteligencia, entrenamiento de fuerzas de seguridad, apoyo operativo militar, e incluso la gestión de organismos del Estado venezolano, entre otros “servicios”, el gobierno cubano ha exportado un sistema de control y represión diseñado para neutralizar la disidencia, criminalizar la protesta y garantizar la permanencia en el poder a cualquier coste.
Este modelo, caracterizado por la vigilancia sistemática, el uso del aparato penal como herramienta de castigo político y la anulación de las garantías judiciales, ha sido progresivamente adoptado por las autoridades venezolanas, contribuyendo al deterioro acelerado del Estado de Derecho y a la consolidación de un patrón de violaciones graves y sistemáticas de derechos humanos. Analizar la influencia de la represión cubana en Venezuela resulta, por tanto, indispensable para comprender la naturaleza transnacional de estos abusos y para establecer responsabilidades más allá de las fronteras venezolanas.
Transferencia de prácticas de tortura del régimen cubano al venezolano
Cuba no solo practica la tortura como política de Estado, sino que ha exportado los conocimientos, la doctrina y las metodologías represivas a Venezuela, particularmente en el ámbito penitenciario.
Los testimonios de expresos políticos venezolanos, también aquellos que están saliendo a la luz a raíz de la captura de Nicolás Maduro, revelan un uso sistemático, deliberado y estructural de la tortura por parte del régimen venezolano, mediante prácticas que coinciden de forma exacta con los 15 patrones de tortura documentados en Cuba en el Primer Estudio Integral sobre la Tortura en Cuba que Prisoners Defenders realizó en 2023, un documento basado en una investigación cuantitativa y cualitativa sustanciada con todos los detalles de las torturas de 181 presos políticos civiles torturados en cárceles cubanas.
La reiteración, homogeneidad y finalidad de estos métodos de tortura cubanos, aprendidos originalmente de la Stasi, apuntan a la replicación de un modelo represivo previamente desarrollado, estandarizado, y posteriormente exportado.
Tortura física, posturas forzadas y violencia extrema
Los políticos Wilmer Azuaje y Roberto Marrero, describen golpizas, uso de cadenas, esposas prolongadas, posturas forzadas, privación del sueño mediante música a alto volumen, corrientes eléctricas, y violencia sexual extrema, incluidos intentos de violación con objetos.
Estos métodos reproducen de forma directa los patrones cubanos de agresiones físicas (67,86%), privación del sueño (47,02%), patrones posturales dañinos (54,76%), tortura sexual y exhibición de instrumentos de tortura (36,90%), documentados en el Primer Estudio Integral sobre la Tortura en Cuba como prácticas generalizadas y sistemáticas.
Tortura psicológica, amenazas y desorientación intencionada
Los testimonios coinciden en la aplicación sistemática de tortura psicológica grave. Marcelo Crovato, abogado argentino-venezolano y colaborador de la organización Foro Penal, fue detenido el 22 de abril de 2014 y relata amenazas explícitas de ejecución, diseñadas para generar un temor constante a la muerte bajo custodia estatal.
El periodista Víctor Navarro y el político Wilmer Azuaje describen aislamientos prolongados, incomunicación total, privación de visitas y mensajes reiterados de que “nunca saldrían”, lo que constituye desorientación intencionada y quebrantamiento psicológico.
Estos métodos coinciden plenamente con los patrones cubanos de amenazas, privación de comunicación, aislamiento prolongado y sometimiento a angustia e incertidumbre, documentados como herramientas centrales de tortura psicológica en las cárceles cubanas en el Primer Estudio Integral sobre la Tortura en Cuba.
Condiciones de detención degradantes y uso del entorno como arma de tortura
Todos los testimonios describen condiciones de detención degradantes: hacinamiento extremo, celdas mínimas, dormir en el suelo o de pie, presencia de ratas y cucarachas, uso de envases para necesidades fisiológicas y alimentación insuficiente o infame.
Marcelo Crovato perdió 35 kg en 45 días, evidencia objetiva de desnutrición severa inducida, mientras que Víctor Navarro y Wilmer Azuaje describen espacios como “el bañito” o “la escalera” de El Helicoide, diseñados para humillar y degradar de forma continua.
Este uso del entorno como mecanismo de tortura coincide exactamente con los confinamientos degradantes, la privación de alimentos, la humillación sistemática y el trato cruel e inhumano documentados en las cárceles cubanas en el Primer Estudio Integral sobre la Tortura en Cuba.
Privación deliberada de atención médica
Los cuatro testimonios refieren negación sistemática de atención médica, incluso ante lesiones graves o enfermedades potencialmente mortales. Crovato sufrió negación de tratamiento por una lesión severa de columna y cáncer de piel, utilizándose la atención médica como herramienta de coerción penal.
Marrero, Navarro y Azuaje denuncian muertes bajo custodia y deterioros físicos graves por falta deliberada de asistencia sanitaria.
Este patrón se corresponde con uno de los indicadores más frecuentes de tortura en Cuba, donde la privación de atención médica alcanza a la práctica totalidad de los casos que la solicitaron, y se utiliza como método de debilitamiento físico y castigo.
Detenciones y procesamientos penales arbitrarios y represivos
Los testimonios de los expresos políticos venezolanos evidencian detención arbitraria prolongada, negación del acceso a expedientes, retrasos judiciales deliberados y uso de fiscales y jueces como parte del mecanismo represivo. Crovato y Azuaje relatan haber sido presentados por primera vez ante los tribunales meses después de su detención, en violación flagrante de la ley.
Este patrón es plenamente coincidente con el uso sistemático de la prisión provisional sin control judicial efectivo documentado en Cuba como una forma estructural de tortura psicológica y coerción política.
La tortura en Venezuela como subproducto importado de Cuba
La similitud entre los testimonios venezolanos y los patrones de tortura documentados en Cuba no es casual ni anecdótica. Se trata de métodos idénticos en su ejecución, finalidad y lógica represiva, aplicados de forma sistemática por los aparatos de seguridad e inteligencia cubanos con total impunidad, también en Venezuela.
Modelo de excarcelaciones fraudulentas en Cuba aplicado hoy en Venezuela
Las recientes “liberaciones” anunciadas por el gobierno venezolano no constituyen una “liberación” o siquiera una excarcelación significativa de presos políticos, ni representan un cambio real en la política represiva del Estado. Es un primer síntoma valorable positivamente, pero falta mucho por recorrer aún.
Según las verificaciones realizadas por la ONG Foro Penal hasta el día 14 de enero solo 57 personas habían sido excarceladas en Venezuela, pese a que el gobierno ha afirmado haber “liberado” a más de 100, sin publicar listas oficiales que permitan corroborar dichas cifras. No son liberaciones como tales y las cifras, además, son del entorno de la mitad de lo comunicado por el régimen chavista.
Es exactamente lo que ocurrió en Cuba a comienzos de año en 2025, como documentó Prisoners Defenders en febrero del pasado año. De los 553 supuestos “liberados”, la mitad eran presos comunes, y los presos políticos “liberados” resultó que lo eran manteniendo las condenas y bajo terribles situaciones represivas. En suma, eran meras excarcelaciones bajo control y amenazas. La palabra “liberación” es muy seria y rogamos a los lectores que tomen nota de la diferencia con “excarcelación”, máxime cuando se produce bajo control y amenazas, una práctica sistemática en el régimen cubano y, como ahora vemos, en el régimen venezolano. Las víctimas se sienten agraviadas al leer sobre su “liberación” donde debía leerse sobre su “excarcelación”. Liberación es equivalente a “caso cerrado”, y no, son casos y heridas terriblemente abiertas y aún con condenas y cargos penales vigentes.
Al igual que en Cuba, estas excarcelaciones se caracterizan por la opacidad, la manipulación de cifras y la inclusión de personas que no califican como presos políticos, lo que impide una evaluación transparente del proceso. Las excarcelaciones en Venezuela, además, no superarían el 7% del total de los presos políticos documentados en Venezuela, 893, días antes de estos eventos.
Hace exactamente un año, el 14 de enero de 2025, cuando registrábamos en Cuba 1.161 prisioneros políticos, de los que 931 estaban entre rejas, el gobierno cubano anunció la “liberación gradual” de 553 personas tras un acuerdo con el Vaticano. Fueron excarcelaciones, y no liberaciones, que en Prisoners Defenders calificamos como un mero fraude, pues de los 230 presos políticos supuestamente excarcelados bajo dicha medida, casi la totalidad ya cumplían incluso los requisitos para estar excarcelados con anterioridad. Así, en Cuba, 219 personas fueron excarceladas, y 11 recibieron prórrogas de subsidios extracarcelarios que ya tenían, bajo un estricto “régimen carcelario-domiciliar”, a pesar de que el 91% tenía derecho a libertad condicional o inmediata desde hacía más de un año. Entre los excarcelados, 192 estaban cumpliendo sanciones por las protestas del 11 de julio.
Además, prueba de su situación, cuatro presos políticos excarcelados de forma casi inmediata fueron de nuevo revocados a prisión: Félix Navarro Rodríguez, Donaida Pérez Paseiro, Jaime Alcide Firdó Rodríguez y Jose Daniel Ferrer García, quien finalmente tras meses de torturas, en octubre de 2025, fue forzado a un destierro forzoso y tuvo que aceptar el exilio como “la única opción para salvar su vida y proteger a su familia del hostigamiento del régimen cubano”, como él mismo afirmó.
Si en el proceder del chavismo sobre las excarcelaciones estamos detectando exactamente el mismo proceder que el ejecutado por el régimen cubano hace un año, es lógico pensar que las autoridades cubanas siguen teniendo una importante influencia en las fuerzas represivas bolivarianas, aún hoy día.

