No me dan confianza las encuestas (una encuesta sobre las encuestas sería interesante jajajaja). Fíjate que a una semana del proceso presidencial anterior fue escandaloso comparar lo que afirmaban Ipsos, CPI y Datum sobre los seis primero “a su gusto”, y lo mismo en cada elección, se nota, se siente y casi como que se evidencia que las encuestadoras “empujan o quitan, suben o bajan”. Es el caso de Perú21 con Ipsos y Álvarez, incomprensible, cada tres o cuatro días lo promocionan en lo que sea y como sea.
Quienes viajamos mucho cada semana por todo el país, visitamos barrios de masiva población, conversamos con líderes comunales, universitarios, vecinales y sindicales, no vemos a nadie expresando apoyo o identidad política hacia Carlos Álvarez o Jorge Nieto, tampoco hacia el invento de hace tres semanas (Grozo). En cambio con Acuña se sienten presentes “en él” los ciudadanos en varias regiones; Alfonso López Chau está demasiado inflado pero puede captar a la izquierda multidividida (ese espectro de los cero y algo por ciento, como Mesías Guevara, Pérez Tello, Belaúnde y otros desaparecidos o por desaparecer donde juega el desastroso Chiabra). Esa es la realidad, el espacio que bajo un manto de mentiras y cifras alteradas en cada proceso electoral se juega a la ignorancia y a la manipulación, eso opino y siento un deber decirlo. Me apena, pero las encuestadoras en Perú son menos creíbles que la propia mentira y siguen trabajando, mal intencionalmente para demostrarlo, con arrogancia y vanidad.
Es cierto que en procesos electorales pasados las encuestadoras tuvieron “problemas” terribles: escondieron la presencia de Pedro Castillo en la recta final y generaron mucha polémica durante los resultados de la primera vuelta y luego, durante las discusiones sobre “de dónde apareció el que no estaba en ninguna encuesta”. Ese antecedente pesa y sigue latente sin respuestas honestas que digan la verdad, y en Perú la desconfianza hacia Ipsos, Datum y CPI es alta en redes y en la calle. Hay críticas recurrentes de que algunos medios (como Perú21 con Ipsos desde hace algún tiempo) destacan más a ciertos candidatos que les interesan, y que hay oscilaciones que parecen exageradas y resultan siéndolo. Es como cuando se dice: “el escándalo de la manipulación no nace de un matrimonio improvisado de intereses, sino de una confabulación cuya relación se llama complicidad”.
En esta elección el panorama es distinto en términos generales porque la fragmentación extrema (más de 30 candidatos) y el alto porcentaje de indecisos (aún entre 20-35% en las últimas mediciones) configuran de cierto modo una situación compleja porque abona en favor de más elementos de manipulación y justificación de que lo que se viene parece hecho a la perfección de los guionistas del caos: el arte del engaño y el desenlace fatal.
Fíjense en esto: Un movimiento de solo 2 a 3% de indecisos o de votantes “blandos” hacia un candidato puede generar saltos visibles de 3 y hasta 4 puntos (pero en escenarios reales, entonces imaginen lo que es cuando se manipula). Además, los márgenes de error (±2.5 y 3%) hacen que diferencias pequeñas entre encuestas no sean tan dramáticas como parecen, pero aquí hay que ser claros: las encuestas no tienen que compararse, cada una debe poseer su propia “acta de identificación” y en base a ello, demostrar que lo que ocurre y viene ocurriendo en cifras, está sustentado y podría, esa es la palabra, podría marcar una tendencia (probabilidad).
Percepción de terreno vs. encuestas
Lo que detallamos (poca presencia real de Álvarez o Nieto en barrios y regiones, en cambio una identidad hacia Acuña y un poco a Sánchez) es válido y coincide con lo que muchos observadores “de calle” reportan. Si bien Álvarez tiene fama televisiva (eso NO ayuda en intención de voto espontánea o asistida, sino Belmont lo seguiría en números o Butters hubiera tenido algo de apoyo popular y no tuvo ni siquiera 1%), Álvarez no tiene estructura territorial, su presencia en medios es bajísima (así sean virtuales) y parece más débil. López Chau tiene base en el sur y puede absorber votos indecisos de las izquierdas divididas. César Acuña tiene maquinaria y autoridades en el norte y varias regiones, lo que a veces se subestima en encuestas nacionales urbanas (a propósito).
Como ven, los resultados de las encuestas, cada semana, son insostenibles y el problema clásico en Perú es que la mentira se acepta, se coloca en titulares, es causa de debates y al final, es lo que queda como resultado. daño y venganza (así de doloroso, así es).
Las encuestas son una herramienta, no un oráculo. Y las encuestas como las herramientas, las manipula el que las tiene en sus manos.
