Nos reunimos en Lima con un grupo de periodistas y politólogos de cuatro universidades americanas, a fin de analizar el increíble mercado político peruano, donde no se trata de solamente 34 candidatos a la presidencia, sino de más de 50 partidos que estarían habilitados para las inmediatas elecciones regionales y municipales en las que se requieren 26 gobernadores regionales con sus 196 consejeros regionales; 196 alcaldes en provincias con sus poco más de 1,700 regidores provinciales y 1,891 alcaldes distritales con alrededor de 10,000 regidores distritales. Hablamos de un paquete de 14,000 candidatos por cada partido: 700 mil a nivel nacional.
Es un escándalo, es intolerable y vergonzoso: 700 mil candidatos si cada partido tuviese cobertura nacional. ¿Es eso democrático, correcto, provechoso para el país? No, es un crimen político, un atentando contra la pequeña y débil democracia desfalleciente en el Perú, que siempre cae más bajo, peor… y respira para volver a ahogarse.
A los que han hecho las normas, ya sea en el Congreso, en los gobiernos irresponsables que hemos tenido y aún tenemos, desde las ONG y sectores de una izquierda metida en algunas universidades opinólogas por activismo, impulsadas por medios de comunicación activistas y finalmente, producto de un lobby que no para de dañar al Perú, el resultado les ha salido como ellos deseaban, generando caos, desinstitucionalización, descrédito a cada propuesta política y confusión imparable en los ciudadanos, que no quieren participar en política (por sucia, por perversa, por menos que mediocre) y en ese sentido, se ha dejado “manos libres” a una inmensidad de gánsters y de mercachifles, volviendo mucho peor el presente y ni qué decir del futuro.
Lo decimos desde el título: El cálculo político -hacia el delito permanente- está por encima en todo momento, de las necesidades de gobernar. No les interesa el país, a pesar de algunas voces que parecen diferenciarse, pero los resultados en el gobierno son de escándalo, como los actos del presidente, una persona que mintió ocultando tratos y acciones que no ha esclarecido, porque se enreda más cada vez que habla o miente con una facilidad intolerable y según se menciona en redes sociales, en un estado emocional de dudosa ecuanimidad, al punto que se preguntan los ciudadanos: ¿el presidente, está bajo alguna terapia o tratamiento médico? ¿por qué revela una conducta agresiva en ciertas ocasiones, pateando celdas de prisiones, liberando su responsabilidad para jugar a roles que no le competen como presidente, escondiéndose de la mirada pública y oscureciendo relaciones en la noche y bajo sospechas? La fragilidad moral, el desequilibrio ético, se vuelven signos de comportamiento sin un control, ese es un peligro inminente.
Si se le vaca por permanente incapacidad moral, lo que suceda contra el país, será responsabilidad de Jerí y de su entorno, donde el único excusable es el señor Canciller, un diplomático que con paciencia, ejemplo y voluntad, es el que sostiene al gobierno, que carece de liderazgo presidencial y liderazgo ministerial.

