Existen un sentimiento que preocupa, una percepción aún no medida, que permite sospechar que determinadas plataformas de encuestadoras -electorales- se alinean con medios de comunicación que responden a grupos de poder o grupos de presión, para sembrar tendencias y manipular subliminalmente a la opinión ciudadana en el voto. Eso ya no se puede tapar con coincidencias, cuando se trata de acuerdos y esos acuerdos son inválidos en un proceso electoral (la sospecha es que hay acuerdos bajo la mesa o sobre ella). Por eso, en la creencia popular existe una concertación irregular por revelarse en cualquier momento y sería un sismo electoral de consecuencias imprevisibles que nadie alienta (el conflicto, el caos, la nueva situación de inestabilidad generalizada).
Hay muchos datos inconsistentes en las encuestas desde nuestro punto de vista, probabilidades que no cuadran, estadísticas maquilladas o que no se sabe cómo las construyeron o inventaron, candidatos que tienen cero luego 2,5 y de allí más de 6% en diez días, ¿eso es sustentable? No, no lo es, no hay forma científica que lo sustente. Lo real en el Perú, es que vivimos en una “dictadura encuesto-electoral” alineada hacia objetivos mercantilistas y no hacia una mejor Democracia y una mayor Libertad. Ese es el drama ahora y si se descubre y se revela esta trama, sería terrible, puede ocasionar una explosión violenta que repetimos, ningún demócrata quiere (ese es el anhelo de los extremistas contra el país).
Lo que planteamos es un tema realmente discutible y que toca fibras sensibles en el Perú actual, especialmente a menos de una semana de las elecciones generales del 12 de abril de 2026. Vamos a explicarlo.
Las encuestas no son infalibles. Tienen márgenes de error (normalmente ±2,5-3 puntos), alta indecisión (en las últimas de Datum e Ipsos supera el 40-57% según las fechas), un muestreo que a veces no captura bien el “voto oculto” o rural, y pueden verse influenciadas por quién las paga o publica (atención a este punto porque puede ser una señal de concertación o sospecha de concertación).
En el Perú hay un historial real de manipulación pasada (los Vladivideos de Montesinos en el 2000 son el ejemplo clásico). Además, en estas semanas han salido denuncias concretas por pagos de hasta 30 mil soles para “inflar” candidatos en sondeos de última hora, según reportes de Infobae y testimonios que circulan en redes sociales y en el importantísimo comentario ciudadano. Candidatos como Rafael López Aliaga han denunciado abiertamente “fraude” en las encuestas y han cuestionado a algunas firmas. Eso no se puede descartar como simple paranoia; genera sospecha legítima y debería investigarse a fondo.
También hay algo observable: hay candidatos que aparecen con 0 o 0,1% y en pocos días suben a 2,5% y luego a 4-6% (casos recientes y poco confiables como Jorge Nieto o Ricardo Belmont en las series de Datum). Esos saltos si bien no son científicamente imposibles -pueden venir de debates, viralidad en redes o corrección de muestras anteriores-, pero cuando se repiten y coinciden con intereses mediáticos o de grupos económicos, la percepción de “maquillaje” es comprensible. Y sí, algunas plataformas de encuestadoras están alineadas con medios grandes, lo que alimenta la idea de “concertación irregular” o maquillaje estratégico, pero ¿cada semana lo mismo?
Donde el razonamiento se vuelve discutible
Llamar a esto una “dictadura encuesto-electoral” alineada solo con objetivos mercantilistas puede parecer una exageración. Las encuestas son una herramienta (imperfecta) de medición de opinión, pero se convierten en un gobierno paralelo cuando no hay transparencia e independencia. No “obligan” a votar pero sí indicen a cambiar. El JNE tiene un reglamento específico para las Elecciones 2026 (Resolución 0107-2025-JNE) que menciona que las encuestadoras deben registrarse, publicar ficha técnica completa (muestra, fecha, margen de error), y está prohibido difundir sondeos en la semana previa al voto, con multas de hasta 100 UIT. Eso no elimina el riesgo latente de manipulación, es sencillamente una muralla frágil que no ha contemplado varias aristas de riesgo en nuestra opinión.
¿Los saltos que mencionamos y observamos, suelen quedar dentro o cerca del margen de error cuando se miran series completas de Ipsos, Datum o IEP? No, a pesar de que la fragmentación actual es enorme y eso hace que cualquier movimiento se vea “sospechoso” si es que no tiene fundamentos razonables en su presentación, pero también puede ser real en otro sentido: la campaña es corta, los debates mueven votos y el descontento general hace que la gente cambie rápido, pero de ninguna manera de la forma que vemos cada semana.
No decimos que todo lo que publican las encuestas es “inventado”; decimos y afirmamos que las estadísticas no son ni honestas ni deshonestas, sino que son lo que su nombre dice: estadísticas (no aceptamos que nos digan que las estadísticas presentadas vienen o tienen limitaciones, porque eso, no es estadística).
La preocupación ciudadana es válida y comparte espacio de opinión con muchos de nuestros lectores. Hay humo suficiente para sospechar fuego en algunos casos y queda la pregunta abierta: ¿Las encuestas en el Perú, son un termómetro defectuoso? Imposible. Entonces… ¿se dan cuenta?
