Me alegra leer cada día, a toda hora de ser posible, que cientos y miles de peruanos, hombres y mujeres que se esfuerzan por sus familias y sus empleos, alzan la voz frente a lo absurdo, criminal y patético del gobierno que con fraude y estafa llegó al poder, desarrollando una millonaria campaña sufragada, en nuestra opinión, por grupos relacionados al narcotráfico, el contrabando, la trata de personas, el comercio ilegal de especies y recursos naturales y sobretodo, financiada por el terrorismo, por el comunismo que ha destruido decenas de miles de vidas a lo largo de los últimos cuarenta años.
No, no es una exageración el revelar el sustento de la miseria del delito. No, no es un error dejar el silencio y comprometer la palabra con la verdad.
Fíjense bien: Todos los días, desde que nos enteramos que de forma muy extraña el grupo político denominado Perú “libre” pasó a la segunda vuelta electoral, se han venido publicando algunos de los crímenes que distinguen a sus representantes en cualquier esfera del Estado y la sociedad.
La olla de corrupción está en constante ebullición del lodo que la alimenta. Y aún así, siguen en el gobierno luego del fraude armado por la ultraizquierda internacional que estaba en el país hace dos años desarrollando sus estrategias de filtración y copamiento de las estructuras legales del país.
¿Para qué infiltrarse y copar gobiernos locales alejados, o gobiernos regionales de zonas mineras en especial? Para blindarse con un manto de supuesta legitimidad, sin mucha exposición, a fin de dinamitar la legalidad desde adentro.
El Perú así, entró en un trompo, en una circular constante de malhechores empoderados, con medios de comunicación y periodistas cómplices que los empoderaron. ¿No es así?
El Perú cayó en la trampa del tramposo: Vizcarra primero, Sagasti después, Castillo ahora.
Y la realidad es una sola: Con la interminable lista de delitos, crímenes y escándalos de toda ralea, el fin de la ultraizquierda más miserable de la historia está llegando y hay que darle su empujoncito, pero con fuerza, para que todos esos sinvergüenzas, criminales y corruptos sean procesados en detención, nada de libertad bajo comparecencia o pago de fianzas.
El país necesita señales muy duras de energía vital frente al delito, la nación exige firmeza y represión contra los ladrones de nuestros impuestos, contra los “privilegiados burócratas ultraizquierdistas” que roban, malversan en familia y hasta venden exámenes para destruir la imagen del magisterio nacional.
El mensaje es y será: Sin piedad, sin perdón a los traidores de la Patria.