Han pasado cien días del gobierno de Boluarte y no hay nada que celebrar. Solo se puede esbozar un inventario de la nada, de un régimen inerte.
Dina, no debemos olvidarlo, nació con mácula. Fue parte de la fórmula del golpista bruto Castillo, jamás debió postular a la vicepresidencia porque no renunció a su puestecillo en el Reniec, fue la cajera de los Dinámicos del Centro e incurrió en falta patrocinando intereses privados pese a la prohibición constitucional.
En el proceso congresal que la absolvió no se le cortó la cabeza únicamente porque a nadie le convenía agudizar la crisis de lo que sobrevino horas después: un golpe de Estado de apariencia disparatado, pero sobre el que nos falta mucho por conocer.
La presidente (así con e, como lo manda el idioma correcto) juramentó hasta el 2023, presentó iniciativas chifladas de adelanto de elecciones pero luego se ha ido asentando en un cargo en el que ha descubierto el botón del éxito: no hacer nada, participar como florero en ceremonias públicas y pedir permanente perdón a todas, todos y todes.
Si en algo la ha achuntado es en designar a un primer ministro con el que ha hecho la simbiosis de la patrona con el mayordomo empoderado; con quien comparte vergonzante la misma ideología de izquierda admiradora de Hugo Chávez y del Foro de Sao Paulo. Y entrambos se han convertido en los grandes felones que justifican la falaz «protesta popular» y apenas contienen la violencia subversiva gracias al heroísmo de policías y militares deliberadamente desarmados.
Por contraste con el desmadre castillista el actual gobierno parecería hasta brillante; pero la verdad es que administra la caída libre del Estado, no avanza en la urgente reforma de la administración, no desarticula la mafia comunista (por ejemplo, preserva la inscripción del Fenate senderista), no decreta la austeridad pública, apenas reacciona tardíamente en el plano de las relaciones exteriores y nada hace por devolver la seguridad pública.
Dina se alucina ya segura en el cargo hasta el 2026 y cree que podrá mantener en neutro la crisis separatista de Puno; pero hay que notificarle: quienes nos fajamos por la democracia en la calles solo le hemos prestado oxígeno para que sobreviva, sin embargo, estamos dispuestos a quitárselo si no reacciona, si permite que la unidad territorial de la patria se pierda y si tolera que la conspiración terrorista vuelva a jaquear al Perú.
Imagen referencial, El extrordinario Carlos Alvarez en una parodia de Dina Boluarte cantando