La política es hoy, como ayer y antes de ayer, una escala superior a la porquería, algo tan denigrante -ahora y siempre- que lo que se pueda decir como excepción, solamente confirma la regla: suciedad, corrupción, el delito inacabable, componendas, impunidad prácticamente absoluta. Y adicionalmente, los que pretenden solucionar este cuadro de drama y festín ininterrumpido, son “los políticos” y sus socios de casi igual nivel: “los activistas del periodismo militante”.
Como afirmamos hace poco, los mismos rostros de siempre, quieren reemplazar a los mismos rostros de siempre en la secuencia del poder local, regional y nacional. Un sistema de rotación de lo que las leyes legitiman con las normas que se acomodan al bolsillo de quien las promueve y de quienes las van a usar o quizás, ordenar que se usen por sus financistas. Es decir, legalización de la actividad delictiva y criminalización de la acción honesta que denuncia al crimen y a sus organizaciones. Todo al revés, en el sentido del camino al caos y la anarquía, en rumbo a la colectivización de la estupidez, que se impone por Ley. Así de absurdo va el país.
La categoría de miserables ya no se otorga por sentencia ciudadana, es un mérito político, un nuevo orgullo en la escena diaria del Congreso, del poder ejecutivo, de muchas “ex” instituciones, desacreditadas, bombardeadas en su estructura, reconvertidas en lo contrario a su principio de creación y secuencia de misión.
¿Y los ciudadanos? Mirando de lejos, nunca cerca, y es que ya resulta tan abominable, despreciable, intolerable y repudiable, que sabiéndolo todos, lo dejamos de lado, como si se fuera a pudrir lo que ya está podrido y lo vemos y lo sabemos pero, para cambiar lo que sucede, “no me mires que yo te apoyo si tú nos lideras” y eso… no ocurre jamás, porque no hay liderazgos sino pantallazos de un grito o algunas poses, pero combate, lucha diaria y decisión de dirigir o acompañar en la tarea ciudadana, cero.
¿Cuál es mi conclusión en la hora actual? Los demonios del poder están aquí, el infierno se ha quedado vacío.