A veces me pregunto si es verdad lo que se lee o se escucha en los medios de comunicación, cuando alguien como un primer ministro o quizás una congresista del partido comunista Perú libre o un periodista de la izquierda militante dice en relación al presidente de la República –calificando sin argumento alguno- que lo que expresa al hablar, es casi como si fuera una bendición para el país. Eso es de espanto. Eso es pavoroso.
No se trata de la ignorancia que una persona tiene y no le permite adquirir conocimientos o saber expresarse aún en sus idioteces o exabruptos, no. Lo que vemos y escuchamos es a un operador de la violencia, de la manipulación, del agotamiento, un clásico agitador de asambleas que repite y repite sandeces para desesperar a la audiencia y junto a él, hace aparecer a su banda, a su organización criminal como el eje del poder y de todos los males que deben imponerse a la fuerza y caer progresivamente sobre la sociedad en su conjunto. Así trabajan las izquierdas violentas, agresivas, odiadoras.
Tenemos a un sinvergüenza y cobarde al frente, un innombrable que trama y golpea con una organización criminal que se cree impune. Eso debe acabar al costo que se requiera, ya no se trata solamente del ordenamiento legal, porque el gobierno no lo respeta y su bancada de congresistas hace lo que sea para deslegitimar la legalidad. Es el presidente el operador principal del crimen organizado y del delito contra la sociedad, a ellos hay que procesarlos de inmediato, sin dilaciones y sin contemplaciones, pero primero se les debe extirpar del poder con la razón y la Constitución, bajo el respaldo de la fuerza del pueblo.
Es una tarea urgente, no podemos seguir extendiendo la impaciencia de los ciudadanos porque si no, se abriría el camino de la violencia y el enfrentamiento. Y aunque somos más los que defendemos los principios y valores de la Libertad y la Democracia, son los del sendero opuesto quienes usarían otra vez las armas y la dinamita en la oscuridad, para tratar de hacernos sucumbir. Eso, no podemos dejar que ocurra.
Hoy tenemos varias tareas de acción inmediata: movilizarnos hasta que sea procesado el rufián, movilizarnos para rechazar la violencia criminal de sus huestes, movilizarnos en redes para ponerle un alto a los rentados para mentir sobre la realidad (que es un gobierno corrupto) y movilizarnos en calles, restaurantes, centros comerciales, estacionamientos, donde sea, para señalar públicamente a los cabecillas y sus cómplices como lo que son y decirles: ¡Fuera los corruptos, fuera los ladrones!