Me preguntan en una de esas tantas reuniones vía “Zoom o Teams” que uno tiene, y a las que acude con entusiasmo siempre, con esperanzas siempre: “¿Porqué sabiendo todos que estos comunistas nos dirigen al descalabro total, nadie hace nada, nadie les pone un freno?”.
Y la respuesta es una sola, y la leo… “Nacimos, crecimos, estamos en el maravilloso Perú, donde lo inesperado ocurre, donde lo inusitado sucede, donde lo absurdo es Ley y donde la Ley, es un absurdo. En esa mezcla tan rara, que no debe ser una interpretación sociológica, sino antropológica, nos encanta estar esperando que se prenda una luz cuando tenemos el interruptor a la mano, que salga un caudillo a representarnos mientras alzamos nuestras voces a escondidas o en reuniones de amigos y familia, que todo comience de cero nuevamente y ya llevamos una larga vida construyendo o destruyendo nuestro destino. Y aunque duela decirlo, puede ocurrir: nos seguimos preguntando lo mismo, cada cierto tiempo. Y pensamos que no hay respuestas” (Desborde del Estado y Crisis popular, Lima, 2013)
La política es una tremenda suciedad, que describirla sería perder el tiempo. No se trata de repetir “eso que se llama política, es muy sucio”, no, todo en política es sucio, punto. Ya no hay recomienzo, se tiene que inventar nuevos términos y abandonar, enterrar palabras como política, por ejemplo, sino estaremos discutiendo diariamente sobre los buenos y sobre los malos, y cuando se trata de tus valores, principios y nación, sólo existe lo positivo, no lo negativo.
“Si la política y los políticos, no me vengas con eso de la mayoría con algunas excepciones, no. Repito, si la política y los políticos no representan nada bueno, han abandonado al país y a los ciudadanos para dedicarse a robar y mentir, para dedicarse a vivir de tu esfuerzo… entonces ¿Porqué no los abandonamos nosotros los ciudadanos? ¿Porqué no los condenamos nosotros? ¿Te quitaron tu valentía?” (La rebelión de la clase media, tercera edición, Lima, 2015)
Hoy en el Perú de los ladrones y corruptos, no de los virtuosos y demócratas, estamos siendo gobernados por los mismos de siempre y además han surgido los nuevos pro gobierno, han nacido “los enchufados”, los que se alquilan por puestos en el gobierno, por licitaciones y contratos, por adendas y engaños legales, pero son en realidad los mismos ladrones y corruptores de siempre, pero sin terno, algo así como choros de segunda clase alimentando a pandilleros y marcas. La diferencia entre las categorías delincuenciales de unos años antes y los de ahora, es que antes eran pocos los enternados y blanqueados, ahora son cientos los emponchados y quechuisados.
Y es que en el maravilloso Perú -el de la inclusión delincuencial-, hay espacio para todos los ladrones, para todos los corruptos. Y es que en el extraordinario Perú -el de lo transversal y permisible-, hay lugar para todos y todas las especies de miserables que hacen lo que sea necesario para subirse al trono desde donde cobran millones de nuestros impuestos, mientras cada día, en el empobrecido Perú, en el golpeado Perú, aumentan los pobres por millones, se siguen hundiendo las clases medias y se siguen callando las empresas que han hecho de la dignidad el silencio.
El silencio, la apatía y la complicidad, frente a la dictadura comunista que se cimenta, es un hecho inobjetable y hay que romper ese silencio por protesta, hay que borrar esa apatía por rebeldía y hay que condenar a golpes de furia popular, a esa complicidad cobarde que luego quiere que nos callemos para dialogar con nuestros asesinos.
Si quieres seguir perdiendo, hazlo. Si después quieres vivir en Libertad, habiendo permitido la dictadura comunista, no me hables, porque tu nos condenaste.