No se trata de justos o pecadores, ni de agradables o rechazados, sino de poner la evidencia sobre lo que está pasando en la oscura y denigrante política peruana, que acobardada por décadas, se sumió de rodillas al canto y la sinfonía de la orquesta del odio caviar, que pretendía cambiar la historia para llevarla a lo más degradante y de allí, fundar su nueva “república”, su nuevo estándar de la maldad, contra la democracia debilitada, contra lo que quedaba de Libertad sometida.
El silencio y la complacencia inundaban los medios, rebalsaban los gremios profesionales, las pocas instituciones que iban quedando en su propio desamparo y fragilidad, entregadas al dinero de la corrupción que provenía del gobierno o de sus contratistas brasileños en especial. El poder era Odebrecht, la presión política era la izquierda, lo denigrante venía de los estamentos públicos a modo de subliminal represión y alrededor de todo esto, varias ONG se hincharon de operativos y órdenes sobre la legalidad, destruyendo la legitimidad de personas, empresas públicas y privadas y el propio Estado, que seguía siendo la carne de cañón de la más perversa corrupción.
Ante esa guerra imparable, resistió Keiko Fujimori con idas y vueltas, con aciertos e incomprensiones en algunas de sus decisiones (no puedo juzgar hoy, lo que no conozco como detalle, pero puedo opinar algo, como ahora lo hago) y de la misma forma, en otro paralelo y otro escenario, resistió como lo hace en este momento, el Alcalde de Lima, Rafael López Aliaga. No son lo mismo los dos, cada uno tiene su espacio y tendrá su momento, no hay que confundirse.
Cada uno en su lado, cada uno fuerte en su derecho, ambos enfrentando al mismo y execrable enemigo: la izquierda del odio que vive y pulula en lo caviar, en lo progre, en la perversión y la subversión; es decir, cuatro rostros, un mismo cuchillo ensangrentado con la vida de los peruanos y un mismo lenguaje de miseria y maldad dispuesto a hacer de la guerra política, el arma de su subsistencia marxista, porque eso hacen las izquierdas al sembrar odios y resentimientos, con tal de ganar a costa del engaño y la división en otros.
La pregunta clave es: ¿No hay más Keikos o López Aliagas? ¿Tiraron la toalla los demás? ¿Dónde están los que se dicen presidenciables y no son de las izquierdas del odio? ¿Están jugando cartas con los caviares y progres?
Los que se están escondiendo y esperando “su momento”, son los cobardes y los traidores. Hay que dar la pelea ahora, hasta vencer, hasta la victoria total del Perú y los peruanos.